Epílogo

Ese mismo día, un poco más tarde, cerca del Templo del Dios del Agua, la pequeña Lya recogía flores blancas en un claro del bosque que lo rodeaba, era imposible de imaginar que tras ese incidente la zona donde vivía Mizyl pudiese estar tan tranquila. Pero la calma de ese momento acabó siendo interrumpida por Celeid, que llegó batiendo sus alas y descendió para situarse frente la puerta.

El viento que provocaron sus alas hizo que algunas de las flores que la pequeña tenía en sus manos salieran volando, dejándola solo con una. Tras ver la figura de Celeid, la niña se acercó corriendo hasta ella con la flor en la mano.

—Esas alas, esa luz ¿Acaso eres un ángel? —preguntó la niña observándola de arriba a abajo.

—¿Que hace una niña tan pequeña aquí? —preguntó Celeid.

—¡Un Ángel! ¡Nai! ¡Nai! ¡Corre! Es un ángel —gritó la pequeña con gran energía mientras daba pequeños saltos.

—¡¿Un ángel?! —La otra niña bajó de un árbol de un salto, pero desgraciadamente cayó al suelo de culo.

—¡Nai! ¿estás bien? —Exclamó la niña rubia cubriéndose la boca con las manos.

—Yo sí… Pero mi culo no opina lo mismo —respondió Nai con las manos en las nalgas mientras se acercaba a su hermana. —¿Dónde está el ángel? —preguntó al situarse frente a su hermana.

—Aquí —señaló la pequeña con la mano.

Nai dio un fuerte suspiro.

—Lya… cabeza hueca. No es un ángel, es una Diosa —dijo Nai mientras se rascaba la cabeza.

—¿Qué? Pero… Pero… alas y… humano… ángel ¿no? —preguntó Lya dudosa.

—Ufff, siento lo de mi hermana. No sabe diferenciar un árbol de un caballo —comentó Nai disgustada.

—Que cruel… —dijo Lya con lágrimas en los ojos y agarrándose su vestido

—Soy Celeid, Diosa de la Bendición. Aunque también se me puede considerar un ángel —Celeid cerró sus alas y desaparecieron de su espalda acompañadas de un hermoso brillo —Decidme, ¿Quiénes sois vosotras y qué hacéis aquí? —preguntó Celeid cruzando los brazos.

—Soy Lya, princesa de un reino que está lejísimo de aquí —se presentó Lya contenta tras las palabras de Celeid.

—Yo soy su hermana Nai, pero soy solo su simple sirviente —dijo Nai apoyando su mano en el hombro de su hermana.

—Pero pronto se convertirá en mi fiel caballero ¿verdad? —dijo Lya abrazando a su hermana.

—Se intentará… —respondió con poca confianza.

—Así me gusta —Lya le dio un pequeño empujón y alzó la flor hacia Celeid.  —Señorita Celeid, mi madre siempre me decía que si rezas frente a un árbol a Irybile, esta te dará las mejores y mas bonitas flores para recoger —Explicó mientras le mostraba la flor que tenía entre las manos. —Ten, Irybile eligió la flor más hermosa para ti.

—Es muy extraño ver a un creyente de Irybile… Igualmente Lya eso no responde a mi pregunta—respondió Celeid ignorando a la niña.

—Mama se fue lejos, nunca la volvimos a ver… Por eso ahora estamos aquí —contestó Nai uniendo sus manos.

—¿Por qué mamá no vuelve?… Celeid, ¿tu lo sabes? —preguntó Lya con las manos temblorosas.

—Veo que hablar con vosotras es una pérdida de tiempo… —comentó Celeid apoyando la mano a la cabeza. —Tengo asuntos importantes de los que ocuparme, eso habladlo con el Dios del Agua —Celeid se movió hacia la puerta ignorando a las niñas, pero Lya y Nai no tardaron en volver a ponerse en medio.

—¡Espera! ¡la flor! Cogela, seguro que así Irybile te ayudará —dijo Lya elevando la flor todo lo que pudo.

—Por favor, toma esa flor, harías muy feliz a mi hermana —comentó Nai agarrando las manos de su hermana ayudándola a mantener la flor arriba.

—Id a Mizyl a contarle esas tonterías —Celeid apartó a Lya de un empujón provocando que esta cayera al suelo junto a su flor.

Lya al ver su flor en el suelo comenzó a llorar con todas sus fuerzas. Nai no tardó en ir a socorrer a su hermana. Pero al ver que no tenía ninguna herida se giró con los mofletes inflados y lágrimas en sus ojos.

—¡¿Por qué?! ¡Ella solo quería darte una flor! ¡Una simple flor! Entonces… ¿Por qué le haces eso? —Nai intentaba no llorar como su hermana, pero palabra tras palabra acabó por no aguantar más y se dejó caer al suelo mientras rompía a llorar.

Celeid volteo la cabeza viendo a las dos niñas llorar desconsoladamente en suelo.

Una extraña voz resonó en la cabeza de Celeid.

—No llores pequeña, ya estoy aquí.

Una joven sostenía a una niña en brazos.

—No te preocupes, ¿ves esta flor? Si la cuidas y le sonríes, Irybile cuidará de ti y te sonreirá —La joven le dio la flor a la pequeña y la abrazó con ternura.

—Tchh… Que molestas… —El escándalo que armaban Lya y Nai hizo que Celeid volviese en si.

Celeid, viendo la escena que había montado, decidió girarse, poner de pie a Lya  y recoger la flor.

—No hace falta que llores más, me quedaré esta flor.

Tras esas palabras Celeid se fue hacia la puerta del Templo mientras Lya agarraba la mano de su hermana para ayudarla a levantarse.

—Lograr eso con una Diosa… Nada mal hermanita —comentó Nai sonriendo.

—Irybile, ayuda a esa joven a encontrar su luz, te lo ruego —Lya unió las manos y hizo una plegaria frente la puerta del templo.

Una vez dentro, Celeid se dirigió a la sala del trono sin tan siquiera mirar a los sacerdotes que se encontró de camino allí. A su vez ninguno de esos sacerdotes intentó dirigirse a la Diosa, todos se apartaban observando cómo avanzaba furiosa hacia la sala de Mizyl.

—¡Mizyl que explicaciones tienes sobre el incidente de tu hija! —Celeid abrió las puertas de la sala del trono vehementemente.

—¿Que ha ocurrido con mi hija? —preguntó Mizyl extrañado mientras apoyaba su zarpa en la cara.

—¿Que supuesta maldad he hecho ahora sin moverme de aquí? —preguntó Drake rascándose la cabeza.

—¿Como? ¿Drake? —Celeid se quedó atónita al ver a Drake sentada.

—Así me llamo —respondió Drake colocando su mano en el pecho.

—¿Pero vas a decir que ha pasado? —preguntó Mizyl golpeando el trono con la zarpa que tenía apoyada en su cara.

—Me han comentado que Thylos se ha apoderado de tu hija —respondió Celeid mirando con desprecio a Drake.

—Ya estamos otra vez —dijo Drake con la mano en cabeza mientras se echaba atrás.

—Mi hija no se ha movido de aquí en todo el día, es imposible que haya tenido contacto con ningún dragón —comentó Mizyl molesto.

—Me da a mi que tus sirvientes ya ven visiones —dijo Drake mientras se reía.

Celeid se giró con una escalofriante sonrisa en su rostro, tanto Drake como Mizyl quedaron confusos al ver que la Diosa no se enfadaba por lo ocurrido.

—No pasa nada, si realmente tu hija no se ha encontrado con Thylos, mejor para ella —comentó Celeid mientras se colocaba frente las puertas.

—¿Lo dices por algo en especial? —preguntó Mizyl inquieto.

—Ya esta la nueva santa preparada, esta vez me aseguraré de que ni Thylos ni el nuevo portador vean la luz. Pero no te preocupes, como tu hija no tiene que ver no le pasara nada —Al acabar la frase, Celeid abandonó la sala manteniendo aquella sonrisa.

—Mizyl… Lamento haber escuchado eso —Dos misteriosas criaturas surgieron de entre las sombras de la sala del trono.

—Celeid, no pienso permitirlo —comentó Mizyl mientras apretaba con fuerza los dientes.

 

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