Capítulo 9: ¿Cómo ha podido ocurrir eso?

El último desafío, aquel que decidiría si los zorros completarían la prueba o no, había empezado. Tanto Kitsune como Azzio quedaron impresionados al ver la montura de la criatura. De su boca surgían unos colmillos afilados como si de los dientes de una sierra se tratasen. Su terrorífica mirada les hacía sentir como una inofensiva presa que esperaba a ser devorada. En cada pie había una enorme uña con forma de hoz con la que podría segarles la cabeza tan fácilmente como un granjero siega el trigo. Y un cuerno metálico sobresalía de su hocico para defenderse de cualquier criatura que pudiese atacarle desde arriba. En conjunto de esas características formaban una temible bestia de caza. Por desgracia, a parte de su físico no conocían mucho más de esa criatura, provocando que temieran más lo que pudiese llegar hacer.

En cambio, aunque su jinete sostuviera en sus manos una lanza mágica, su aspecto impresionaba mucho menos. Este les observaba con una mirada serena como si le dieran lastima.

—Espero que mi amigo no os haya asustado —dijo el jinete viendo como los zorros se quedaron prácticamente petrificados al observar su montura.

La montura rugió con fuerza mientras observaba a los dos zorros.

—Irros acaba de presentarse, dice que espera mucho de vosotros —dijo mientras se bajaba de Irros.

—Mi nombre es Kitsune, soy la hija de Ryugan, líder de los guardianes. —Kitsune, insegura, se presentó dando un paso hacia delante.

—Yo soy Azzio hijo del líder de los caoba —dijo Azzio con las orejas caídas avanzando hasta donde estaba Kitsu.

—Encantados, yo soy Althere y soy hijo del posadero que os atendió —dijo Irros después de clavar su la lanza en el suelo.

—Ahora entiendo lo que dijo del posadero… —comentó Azzio subiendo de nuevo las orejas.

Irros miró a Kitsune con una sonrisa aterradora mientras dejaba salir algún que otro bramido. Kitsu, sintiéndose amenazada, tomó una posición defensiva.

—Kitsune, se ve que tu pelaje le ha llamado la atención. Dice que es una lastima que no pueda conseguirlo. En esta especie cada vez que cazan una presa con un pelaje de su agrado se lo ponen en la manta —explicó Althere mientras tocaba el pelaje de la manta de Irros.

—Aunque tuviera permitido matarme, no dejaría que se lo llevase —dijo Kitsune mirando asqueada al raptor.

—¿Entonces la prueba? —preguntó Azzio apartándose de Kitsune.

Irros rugió con fuerza y bajó la cabeza mostrando el cuerno que llevaba enganchado en la manta de la cabeza.

—Tenéis que quitarle el cuerno a mi amigo —dijo Althere tocando el cuerno de Irros.

—¡¿Qué?! —se quejó Azzio viendo al raptor levantar la cabeza de golpe.

«Con lo flexible que parece ese cuello… Un fallo es decir adiós a nuestras extremidades» Kitsune se acarició la pierna mientras observaba los afilados colmillos de Irros.

—¿Estais preparados? —preguntó Althere cogiendo su lanza y montandose en Irros.

—Si no lo estuviéramos, no estaríamos aquí —dijo Kitsune decidida.

Irros rugió con tal fuerza que ambos dos zorros bajaron de golpe las orejas para evitar todo lo posible escuchar ese terrible sonido. Aprovechando el desconcierto que había causado en los zorros, Irros se desplazó con gran velocidad hasta ellos. Los vasos de la lanza de Althere empezaron a expandirse y contraerse y de su punta emanó agua mágica que rodeó la punta de la lanza.

—Esta vez no fallaré. —Althere intentó ensartar a Kitsune con la lanza una vez la tuvo a rango, pero esta logró esquivarla con cierta dificultad.

Después de un fuerte rugido, Irros se abalanzó contra Kitsune para intentar clavarle su garra, no obstante, Kitsune usó sus poderes psíquicos para defenderse y dejó suspendido al raptor en el aire Althere, al no querer dejar escapar la oportunidad, lanzó la lanza hacia ella para ver si la podía alcanzar, sin embargo, los reflejos de Kitsu fueron lo suficientemente rápidos para que ella para repelerla lanzando una bola de fuego antes de que le alcanzase.

Tras ese ataque, la llama se colocó rápidamente sobre el collar de Kitsu, y empezó a brillar con fuerza. Irros se giró y pudo ver que Azzio se disponía a atacarle. Tras un esfuerzo logró deshacerse de los poderes que le mantenían atrapado y dio un enorme salto hacia donde había caído la lanza, evitando así la llamarada que Azzio había lanzado contra ellos. A Kitsune no le dio tiempo a reaccionar, y al ver que no podía esquivarlo cerró los ojos con fuerza. Fue en ese momento que su collar se elevó y absorbió por completo la llamarada que estaba a punto de impactarle.

Althere y Irros se quedaron asombrados por cómo reaccionó el artefacto que Kitsune portaba en el cuello.

—¿Qué se supone que es eso? —preguntó Althere mientras recogía su lanza.

—¿Qué estás haciendo? ¿Acaso quieres que se apague mi último cristal? —preguntó Azzio enfurecido.

—Eso debería decir yo ¿Es qué querías asarme? —contestó Kitsune tras abrir los ojos.

—Yo estaba atacandolos a ellos, no a ti, pero si no te mueves… —se quejó señalando a Irros y Althere.

—¡No había forma de que esquivase eso! —gritó Kitsune mientras se tocaba el collar con su zarpa.

—¿No fastidies?… No sabía que los magníficos zorros guardianes fueran tan torpes y lentos… —dijo Azzio de forma burlesca.

—Mira criajo, tú quieres acabar como el ciervo, ¿me equivoco? —Kitsune amenazó a Azzio elevando su cola.

—Oye… —dijo Althere observando la pelea desde lejos.

—Uyy, claro… usa tus poderes, es lo único que se te da bien —contestó de forma arrogante.

—Chicos… Parad ya… —comentó Althere decepcionado por la escena que estaba presenciando.

—Al menos se me da bien algo, no como a ti —contestó de una forma incluso más arrogante que la de Azzio.

Althere y Irros observaban atónitos desde lejos y sin saber muy bien qué hacer como la pelea se iba intensificando.

—¿No crees que deberíamos detenerlos? —preguntó Althere a su compañero.

Irros dio un pequeño bramido mientras se rascaba la cabeza con la garra.

—Se que no es de nuestra incumbencia, pero que tampoco los podemos dejar así —comentó Althere.

—Irros hizo un pequeño rugido mirando a Althere.

—Mira, no empecemos… Que ellos no fuesen a sobrevivir en las Tierras de Nadie con estas peleas no significa que nosotros no podamos —contestó Althere al raptor harto de su actitud.

El raptor bramó cerrando los ojos y sonriendo.

—¡Lo que tú digas! Vosotros sois geniales y los demás servimos para nada —contestó con tono irónico.

Irros volvió a bramar como antes mirando a su compañero.

—Perdona por haber fallado, no soy tan perfecto como tú, ¿sabes? —dijo Althere mirando a los ojos de su compañero.

El raptor bramó mirando hacia delante mientras se reía de su compañero.

—Maldito creído… —susurró echándose hacia atrás —Al menos prométeme que no dejarás que se at… —Irros saltó hacia delante sin dejar a su jinete acabar lo que estaba diciendo.

La discusión aumentando hasta llegar a un punto donde ninguno de los dos dudó en usar sus poderes sobre el fuego con la intención de dañar el otro, olvidando completamente de la situación en la que se encontraban. Pero antes de que las llamaradas golpeasen a su objetivo, Irros se situó entre ambos de un salto, y del suelo surgió una pequeña ola por la fuerza de la caída, que deshizo los ataques de los zorros y golpeó a estos lanzándolos por los aires. Tras eso, el raptor rugió con una enorme fuerza que hizo que incluso las piedras temblasen por el sonido.

—…quen. —Una vez el raptor apartó a los dos zorros, Althere pudo terminar la frase, aún conmocionado por lo ocurrido.

—Ahhgg… —Kitsune intentaba levantarse del suelo mientras su llama le acariciaba la cara.

—¡Vosotros dos! ¿Acaso queriaís perder la prueba? —preguntó Althere enojado.

Los dos zorros solo se limitaron a mirarse entre ellos furiosos mientras se volvían a ponerse en pie.

—No podéis seguir con el desafío, al menos no en este estado. Acabad esto por vuestros Dioses… —dijo Althere bajándose de su montura.

Tanto Azzio como Kitsune decidieron no responder al comentario de Althere. Estaban cegados por su furia y les era prácticamente imposible pensar con claridad.

—Es mejor que os vayáis por ahora, volvedlo a intentar cuando estéis más tranquilos —comentó Althere clavando la lanza en el suelo. —Y ni se os ocurra atacaros, a no ser que queráis que Irros se encargue de haceros pagar vuestro error.

Tras esas palabras el raptor empezó a bramar mostrando sus afilados dientes a los zorros. Después de que se levantase Kitsune, la llama se acercó a Irros y le tocó el morro mientras producía unos dulces sonidos. El raptor afirmó con la cabeza como si la hubiera entendido. Posteriormente la llama volvió con Kitsune, que estaba esperando delante del bosque junto a Azzio.

—Llama… —dijo Kitsune observando a la llama acercarse.

Esta se coloco entre los dos emitiendo un gran brillo, tras eso se adentro en el bosque seguida por los zorros.

—Seguramente sea una mala idea, intentar presionarlos dudo que fuese a cambiar las cosas —dijo Althere mientras veía a los zorros alejarse.

Irros bramó empujando a su compañero con la cabeza.

—Bueno, me alegro que me apoyes —comentó acariciando la cabeza de su compañero.

El raptor, que estaba tranquilo dejándose acariciar, empezó a bramar con fuerza y a moverse de una lado a otro alterado de repente.

—¿Qué ocurre? —preguntó su compañero asustado.

Irros empujó a Althere y se adentro con rapidez en el bosque mientras emitía un enorme rugido.

—¡Espera!… —Althere cogió su lanza con fuerza y se sentó en el suelo mirandola entristecido —Podrías intentar confiar un poco en mi…

*****

Los dos zorros continuaron avanzando por el bosque mientras seguían a la llama. Antes de alejarse mucho del lugar del desafío, decidieron detenerse durante para descansar e intentar relajarse. La llama, que estaba controlando a los zorros, se mantuvo entre los dos emitiendo su característico brillo sin moverse.

—Si tanto querian que superásemos el desafío podrían habernos dado el cuerno… —dijo Azzio apoyando su cara en una enorme raíz que sobresalía del suelo.

—Seguramente no puedan hacerlo —comentó Kitsune estirada en el suelo.

—¿Y qué más da? Nadie nos vigila. —Azzio se rascó la oreja con su zarpa.

—Para empezar, seguramente el esbirro de Mizyl no deba estar lejos, y después de lo que pasó en la taberna seguramente no sea el único —contestó Kitsu arañando con fuerza el árbol que tenia enfrente al recordar la escena de la taberna.

—Menudo asco… Que dos Dioses den tanta importancia a lo que hagan dos zorros de poco más de diez años… —comentó Azzio sacando la lengua.

—¿Comó que poco más de diez años? —Kitsune giró su cabeza sorprendida.

—Yo tengo unos ¿dieciséis, diecisiete? Por ahí irá —contestó Azzio intentando contar el tiempo que pasó.

—¡¿Qué?!—Kitsune se levantó de golpe. —Crely es incluso mayor que tú.

—¿Quién es Crely? —preguntó Azzio levantando la cabeza.

—Mi hermano pequeño… —dijo Kitsu completamente decepcionada. «Ahora lo entiendo todo… No es que se comporte como un crío, es que es un crío… »

—¿Pero cuántos años tienes tú? —preguntó Azzio al levantarse.

—Pues… ciento y algo —contestó Kitsune colocando su zarpa en la cabeza.

—¿Es una broma? —preguntó Azzio alucinando.

—No

—¡Pero si mi abuela era más joven que tú, y ya se encuentra junto al Dios de la Muerte! —exclamó Azzio dejándose caer en el suelo sentado.

—Ahora entiendo eso de que los críos no saben lo que dicen. —Kitsune suspiró mientras se volvía a estirar en el suelo.

—He estado acompañado de una vieja… —comentó Azzio asqueado.

—Y yo de un bebé. —Kitsune seguía intentando asimilar la situación.

—Esto no puede ir a peor… —dijo Azzio apoyando la cabeza en el suelo.

De repente el grito de una joven retumbó por todo el bosque. Muchas aves y animales empezaron a correr despavoridamente huyendo de la dirección de la que provenía esa voz.

—¡Drake! —Kitsune se adentró rápidamente hacia la zona donde se escuchó el grito.

—Esa criaja otra vez… —Azzio y la llama corrieron tras Kitsune para intentar descubrir lo qué había pasado.

Los dos zorros avanzaron rápidamente por el bosque, pero a medida que se acercaban al lugar del que provenía esa voz, empezaron a sentir una extraña sensación. Notaban como si algo les oprimiera el pecho y su respiración empezó a dificultarse.

—¿Por qué? —se preguntó Kitsune bajando las orejas.

—¿Qué está pasando? —preguntó Azzio mirando a los alrededores asustado.

La llama, que no sentía molestia alguna, siguió avanzando con rapidez. Kitsune respiró hondo y haciendo un gran esfuerzo continuó hacia adelante, siguiendo a su llama. En cambio Azzio, que estaba entrando en pánico, simplemente siguió a Kitsune para no tener que quedarse solo.

Un poco más adelante de donde estaban, encontraron a Drake tumbada en el suelo con unos ropajes que nunca antes habían visto. A su lado había una enorme espada cuyo filo salía de la boca de una empuñadura en forma de cabeza de dragón. Pero lo que realmente hacía preocupante la escena era una oscura silueta deformada con aspecto similar al de un dragón que se encontraba junto ella.

La silueta giró su cabeza y pudieron apreciar el brillo de unos enormes ojos rojizos que les observaban con una enorme sed de sangre.

ilu13

Los dos zorros quedaron petrificados ante la escena, eran incapaces de moverse aunque pudiesen percibir que se encontraban en un grave peligro. Pero justo entonces, Irros apareció de entre los árboles y de un fuerte golpe en el suelo hizo aparecer una cascada que los separó de esa criatura. La llama, a su vez, lanzó una pequeña bola de fuego a la cortina de agua para potenciar la barrera que les protegía.

Irros rugió con fuerza mientras empujaba a los dos zorros para que corrieran.

Los dos zorros corrieron sin apenas dudarlo, el raptor se mantenía en su retaguardia mirando hacia atrás para asegurarse de que no les seguía. Cuando consideraron que se habían alejado lo suficiente se detuvieron, y Azzio empezó a dar vueltas por la zona completamente estresado.

—¡Thylos! ¡Era Thylos! Hay… ¡Hay que avisar a Celeid! —Azzio salió corriendo hacia el templo donde se alojaba Celeid sin esperar respuesta de los demás.

—No…¡No! ¡Celeid no! —Kitsune se dispuso a perseguir a Azzio para impedir que llegase a Celeid, pero Irros la paro agarrandola del cuello. —¿Qué haces? No hay tiempo —exclamó Kitsu alterada.

Irros se giró y indicó a Kitsune que se subiera en su lomo con un fuerte rugido.

—Voy. —Kitsune tomó forma humana y se subió encima del raptor, agarrándose con todas sus fuerzas al cuello de este.

Irros empezó a correr en dirección al Templo del Agua para darle la terrible noticia a Mizyl. Por desgracia el templo de Celeid se encontraba más cerca de ellos que el de Mizyl, aun así, gracias a la gran velocidad del raptor podrían llegar allí antes que Azzio a su destino.

—Drake… ¿Cómo ha podido pasar?… ¿Cómo no he podido hacer nada para ayudarte?… —se preguntaba Kitsune mientras le caían lágrimas de los ojos.

Irros estuvo bramando suavemente para intentar animar a Kitsune durante su recorrido hacia el Templo del Agua.

—Irros, siento no poder entenderte en un momento como este, pero… Te agradezco que nos ayudes… Gracias… De verdad… —A Kitsune le temblaba la voz, la escena le iba atormentando a medida que avanzaban.

El raptor bramó una sola vez mientras la miraba, después con una sonrisa se concentró en seguir el camino y llegar a su objetivo lo antes posible.

El camino hacia el Templo del Agua se les hizo eterno, en especial a Kitsune que seguía preocupada por su amiga. Al llegar a las puertas el raptor dio un fuerte rugido a los sacerdotes para que les abrieran las puertas.

—¡Abrid! ¡rápido! ¡Es una urgencia! —gritó Kitsune con todas sus fuerzas al ver las puertas del templo del agua.

Los sacerdotes al reconocer la voz de Kitsune abrieron rápido para que pudieran entrar.

—Está en la sala Vess —comentó el sacerdote mientras el raptor entraba por la puerta.

—Gracias —dijo Kitsune.

El raptor fue corriendo por el templo hasta dirigirse a una enorme sala rodeada puertas y con varios asientos donde se encontraban sentadas algunas criaturas. Irros no dudo un instante en tirar la puerta abajo con su cabeza, las criaturas que estaban allí quedaron totalmente impactadas y fueron apartándose lentamente del lugar.

—¡Mizyl, Drake está en problemas! —exclamó Kitsune una vez Irros tiró la puerta abajo.

Mizyl en aquel momento se encontraba hablando niña pequeña, de ojos claros como el sol. Sus largos y dorados cabellos estaban decorados por una flor violeta colocada junto a una pluma en un lateral y por una cinta con unas alas emplumadas que se le recogía en una cola. Su vestido era blanco como la nieve que destacaba más gracias a unos adorno rojizos.

—¡Kitsune! —Mizyl salto de su silla para acercarse a Kitsune.

—Drake… Drake… Thylos la atrapó… —Kitsune tras bajarse del raptor volvió a su forma zorro para apoyar su cabeza entre las patas delanteras de Mizyl.

—Lo se… —dijo Mizyl entristecido —Pero no te preocupes, todo irá bien. —Mizyl acariciaba la cabeza de Kitsune para intentar calmarla.

—¡No pude hacer nada!… Encima Azzio ha ido alertar a Celeid… —dijo Kitsu entre lágrimas.

—Comprendo… no te preocupes, ya has hecho suficiente. —Mizyl miró a la niña para dirigirse a ella —Lya, necesito tu ayuda y la de Nai.

—¡Sí! Ningún problema. —La pequeña miró hacia la puerta y con la mano levantada gritó con todas sus fuerzas. —¡Hermana! ¡Hermana! Ya tenemos trabajo.

—!Uooohhh¡ ¿En serio? Hermana ¡Eres la mejor! —Una niña de pelo oscuro de la misma edad que Lya asomó su cabeza por la puerta con los ojos iluminados y una gran sonrisa en su rostro.

—¿A ti quién te ha dado permiso para entrar? —Una criatura humanoide con aspecto felino agarró a la cría de pelo oscuro por la ropa y la arrastró fuera mientra esta inflaba sus mofletes.

—Ve a casa, a partir de aquí yo me ocuparé —le comentó Mizyl a Kitsune.

—Pero…

—Ve.

Kitsune sin poder decir más, se secó las lágrimas con su zarpa y junto a Irros salieron del Templo del Agua.

—La próxima vez… La próxima vez no quedarán las cosas así, no seré una inútil… Lo prometo —comentó Kitsune frente la puerta antes de adentrarse al bosque.

*****

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