Capítulo 8: La Llegada del Guardián

El segundo desafío estaba por comenzar. Perla, con una escalofriante sonrisa, sacó de su bufanda un colmillo parecido al que tenía Hiwil. Azzio se quedó mirando fijamente el colmillo apretando los dientes por los malos recuerdos que guardaba de esas criaturas. A diferencia de él, a Kitsune le costaba apartar la mirada de su llama, que seguía quejándose por la aguja que la mantenía prisionera.

—Este colmillo es lo que piden vuestros Dioses para demostrar que habéis superado el desafío —comentó Perla balanceando el colmillo.

—Y como no nos lo vas a regalar…. ¿qué tenemos que hacer para conseguirlo? —preguntó Kitsune apartándose de la llama.

—Solo tenéis que darme un golpe —comentó Perla guardándose el colmillo otra vez en la bufanda. —Pero no vale atacar a ciegas —específico Perla.

—Claro… Solo… —dijo Azzio irónicamente.

—Por eso no querías que la llama participase —comentó Kitsune observando apenada a su llama.

— ¿Es que si no que gracia tendría?  Esa cosa me localizaría y vosotros no tendríais que hacer nada —Perla se dio la vuelta y estiró sus enormes alas negras. —Que dé comienzo la prueba queridos zorritos —dijo con una sonrisa.

Perla arrancó una pluma de sus alas y la lanzó hacia arriba. Al llegar a cierta altura, la pluma estalló en un enorme brillo, cegando durante unos instantes a los zorros. Cuando recuperaron la vista, Perla ya había desaparecido de donde se encontraba.

—Ya estamos otra vez… —Azzio cerró sus ojos y se concentró en intentar escuchar cualquier sonido que pudiera producir Perla.

En ese momento una aguja salió disparada de entre los árboles, dirigida a toda velocidad hacia Azzio.

— ¡Aparta! —Cuando Kitsune se dio cuenta de eso, empujó a Azzio apartándolo de la trayectoria de la aguja.

— ¡Así es imposible! —se quejó Azzio al ver la aguja clavada en el suelo.

Al poco tiempo, otra aguja dirigida hacia Kitsune apareció detrás de ellos. Pero por suerte, la escucho venir y pudo esquivarla.

—Está claro que esta no se limitará a defenderse —comentó Kitsune mirando a su alrededor.

—Si no puedo concentrarme me será imposible saber dónde está —dijo Azzio estirando sus orejas todo lo que podía.

—Es que ningún olor… ningún sonido… —Kitsune intentaba averiguar alguna forma de detectarla.

Tras esas palabras, surgió una aguja del suelo que se clavó en el muslo de Kitsune.

— ¡Ahhh! —Tras el ataque, Kitsune dio un golpe al aire instintivamente con la pata trasera.

Poco después de que se le clavase, la aguja empezó a soltar chispas que dañaron aún más a Kitsune. Aún así, ella aguantó el dolor y usó sus poderes para sacarse esa aguja y lanzarla lejos. No obstante, el daño ya estaba hecho y a Kitsune le costaba mucho más moverse.

Al darse cuenta que había alcanzado a Kitsu, Perla decidió volver a lanzarle otra aguja para así inmovilizarla por completo. Pero Azzio lanzó una llamarada, que tras desviar la aguja, siguió su camino y abrió un hueco en los árboles por donde entró la luz del sol.

—Qué raro… —Kitsune observaba extrañada el hueco que dejó el ataque de Azzio.

— ¿El qué? ¿Qué te tenga que ayudar porque sino mi armadura se rompería? —preguntó Azzio irónicamente, mientras señalaba unos arañazos que tenía su armadura.

—No, el hueco… Las hojas de los árboles no se han quemado… Y el esbirro de Mizyl tampoco las ha reparado —comentó Kitsune extrañada.

—Ahora que lo dices…

Otra aguja, que salió disparada hacia ellos, interrumpió su conversación, pero tanto Kitsune como Azzio lograron esquivarla.

—Algo tiene que ver con desafío. —Kitsune seguía mirando los alrededores a la espera de otro ataque de Perla.

A diferencia de lo que había hecho en sus anteriores ataques, esta vez Perla lanzó tres agujas hacia el suelo.

— ¿Dónde se supone está apuntando? —preguntó Azzio.

—Esto no me gusta nada… —Kitsune se iba preocupando cada vez más por las acciones de Perla.

Como ya había hecho anteriormente, Perla lanzó otras tres agujas. Dos de ellas se clavaron en dos árboles distintos y otra en el suelo, cerca de Azzio.

—Esta es fácil —comentó Azzio esquivando la aguja.

Pero en el momento que se movió hacia un lado para esquivar esa aguja, entró en contacto con una de las que había clavadas en el suelo. La aguja reaccionó al calor de Azzio y, al igual que la que se le clavó a Kitsune, empezó a soltar unas chispas que dañaron el abdomen de Azzio.

— ¡Mierda! —Azzio saltó a una zona despejada de esas agujas.

—Nos está cercando —Kitsune solo podía mirar impotente cómo les iba encerrando con las agujas.

Otras tres agujas se clavaron cercando la zona del desafío. Llegó un punto en el que moverse resultaba prácticamente imposible sin recibir un golpe de las agujas.

—No podemos permitir que clave más de esas agujas —Kitsune le comentó a Azzio.

Cuando Perla lanzó más agujas, Kitsune lanzó una bola de fuego para calcinarlas y así evitar que se clavasen en el suelo. Ese ataque abrió otro hueco entre los árboles que, al igual que el anterior, no cerró el esbirro de Mizyl.

—Esos huecos… Tienen algo que ver con el desafío —Kitsune se quedó mirando atentamente los huecos que se habían formado entre los árboles.

— Tsss… Me estoy hartando —Azzio apretó sus dientes y erizó su pelaje.

Azzio no tardó en reaccionar al siguiente ataque de Perla lanzando varias llamaradas hacia las agujas y cerca de ellas, dejando una parte del bosque al descubierto. La luz del sol cubrió parte del lugar en el que se encontraban y, gracias a ello, Kitsune pudo reconocer bajo esa luz la silueta de Perla saltar hacia la zona oscura del bosque.

—Así que era eso —Kitsune cerró sus ojos y su marcas empezaron a brillar. — ¡Ya no te podrás esconder! —De ella emanó un enorme campo de energía que golpeó su alrededor, destruyendo todas las hojas que había en los árboles cercanos y dejando así entrar a la luz del sol en la zona.

El poder de Kitsune golpeó levemente tanto Azzio como a Perla. Y aunque no contaba para ganar el desafío, hizo que Perla volviese a ser visible.

— ¡Maldita su suerte! —comentó Perla disgustada.

—Con la luz del sol ya no te puedes esconder —dijo Kitsune mientras observaba a Perla volando cerca de los árboles que había alrededor.

Azzio, sin decir nada, atacó a Perla con una llamarada para acabar de una vez el desafío. Pero esta pudo esquivar su ataque con gran facilidad.

—Esto no se…

—Sí que se ha acabado —Kitsune alzó su cola y con las marcas brillando otra vez, utilizó sus poderes psíquicos para golpear a Perla, que cayó al suelo después de colisionar contra un árbol.

— ¡Mierda! ¡Condenados poderes psíquicos! —gritó Perla furiosa.

— ¡¿En serio?! ¿Esto sí cuenta? —Azzio quedó impresionado con la facilidad que tuvo Kitsune para golpear a Perla.

—Sin poderes psíquicos es muy difícil parar este tipo de golpe —comentó Kitsune mientras se acercaba a Perla.

—Tu padre intentó ayudarme para poder contrarrestar ese tipo de ataques, pero es demasiado difícil… Son demasiado rápidos —Perla golpeó con fuerza el árbol con el que había colisionado.

—Bueno, al menos completamos el desafío. La cosa era verte más que golpearte —comentó Kitsune cuando se situó delante de Perla.

—Igualmente, esto estaba mal planteado y lo vuestro fue un simple golpe de suerte… El trabajo en equipo del que me comentaron ha sido inexistente —Perla hizo desaparecer las agujas clavadas en el terreno con un simple chasquido.

— ¿Y qué más da? Toda la prueba en si no tiene sentido —dijo Azzio abriendo la bolsa.

—Menuda pérdida de tiempo… —Perla sacó de su bufanda el colmillo que había prometido como muestra por haber completado el desafío y se lo lanzó a Azzio.

—Mizyl dijo que tendríamos que ser nosotros quienes encontremos el significado de la prueba, pero por mucho que piense no le encuentro nada bueno. Solo problemas —comentó Kitsune mientras dejaba reposar su pierna dañada.

— ¿Puedes aguantar con esa herida? —preguntó Perla al ver como Kitsune recogía su pata.

—No es gran cosa, puedo con ello —respondió Kitsune.

El esbirro de Mizyl apareció de entre los árboles. Azzio, al verle, no tardó en salir corriendo para esconderse entre la maleza del bosque, pero antes de poder acercarse a su escondite los látigos de agua que creó el esbirro le atraparon.

— ¡Nooo! Otra vez no, por favor… —Azzio intentaba liberarse de esos látigos, pero le resultaba imposible.

A diferencia de Azzio, Kitsune se acercó al esbirro de Mizyl evitando forzar más su pata.

—Por favor —Kitsune se giró enseñando al esbirro la herida que tenía a causa de la aguja.

El esbirro posó su zarpa sobre la herida empapándola con su agua mágica. La herida se cerró rápidamente y sus quemaduras desaparecieron.

—Es increíble el poder curativo de Mizyl —comentó Perla.

—Oye Perla, quiero proponerte algo —dijo Kitsune sacudiendo su pierna.

— ¿De qué se trata? —preguntó Perla acercándose a Kitsune.

Tras esas palabras dos látigos surgieron del suelo, uno golpeó a la herida de Azzio, y el otro se acercó a Perla por la espalda. Pero ella respondió antes de que la golpease y lanzó una de sus agujas contra el zarcillo de agua, deshaciéndolo por completo.

—No lo necesito, tranquilo —comentó Perla observando al esbirro.

—Estaba congelada… —Azzio temblaba de frío mientras observaba como el esbirro de Mizyl se acercaba a un árbol. — ¡La llama! —exclamó Azzio al ver como el esbirro miraba a la llama aún prisionera de la aguja de Perla.

—Pues… Ya me había olvidado de ella… —Perla se rasco la cabeza avergonzada, y con un chasquido hizo desaparecer la aguja. —Lo siento pequeña.

La llama al ser liberada cayó suavemente como si de una pluma se tratase al suelo. El esbirro lanzó un leve rugido apenado hacia la llama, pero solo pudo emitir un leve sonido mientras se movía lentamente.

—Antes de que se me olvide, ¿podrías regenerar las hojas de los árboles? Esta luz es muy molesta — Perla le señaló el enorme agujero que habían dejado tanto los ataques de Kitsu como los de Azzio.

El esbirro de Mizyl rugió mirando al cielo, levantó sus patas delanteras y golpeó el suelo vehementemente. Sus garras se prolongaron a lo largo del suelo, el agua que las formaba fue extendiéndose hasta llegar a los árboles de alrededor, por donde subieron rápidamente hasta llegar a parte más alta de las ramas. Una vez allí, los chorros de agua se extendieron hasta formar una fina capa de agua cristalina que cubrió todo el agujero.

Al poco tiempo, las ramas empezaron a crecer a lo largo de esa capa fina de agua, dejando caer en el suelo gotas de agua que brillaban como zafiros. A medida que las ramas cubrieron el agujero, de ellas volvieron a crecer aquellas hojas que relucían con su hermoso brillo verdoso iluminando el lugar, que estaba oscureciéndose de nuevo al volver a bloquear la luz del sol. A medida que el antiguo paisaje se iba recuperando, más gotas caían de la capa de agua, hasta que llegó a parecer una lluvia. Las plantas que quedaban empapadas por ese agua, empezaron a brillar con un tono celeste y a moverse de un lado a otro mostrando la alegría y vida que había en el bosque de Ray’ka. Una gran tranquilidad comenzó a invadir los corazones de las criaturas que se reunieron para observar el bello paisaje al entrar en armonía con la gran vitalidad que reflejaba el agua del Dios más cercano a la vida.

—Qué hermoso —dijo Kitsune con los ojos cerrados mientras disfrutaba de la lluvia.

Una vez se regeneraron todas las hojas y las ramas, el agua dejó de caer y las plantas recuperaron su tonalidad.

—Muchas gracias Mizyl —comentó Perla mientras se escurría sus orejas.

El esbirro rugió hacia las criaturas y volvió a adentrarse en el bosque.

—Entonces, ¿qué querías decirme? —Perla le preguntó a Kitsune.

—Quería proponerte que nos encontremos después de pasar esta prueba para poder entrenar, de esa forma podré mejorar el control sobre mis poderes y tú aprender a evitarlos —respondió Kitsune sacudiéndose.

—Suena interesante, cuando acabéis este juego ya me comentarás —comentó Perla al girarse.

— ¡Espera! —Azzio corrió hasta donde se encontraba Perla—. Yo también quiero entrenar, aún no soy capaz de detectaros —dijo Azzio disgustado.

—Las crías de nuestra especie tienen que entrenarse en el sigilo. Una criatura con unos sentidos como los tuyos sería de gran ayuda en sus entrenamientos —comentó Perla fijándose en las orejas de Azzio.

—Acepto la propuesta —Azzio empezó a mover su cola de un lado hacia otro felizmente.

—Bueno zorritos, yo tengo que volver con mi gente. —Perla se giró y caminó hacia el bosque, pero a mitad de camino volteo la cabeza. —Una cosa antes de irme. Tened cuidado, hay algo en esta prueba que no me gusta nada —alertó Perla mirando las corazas que llevaban ambos zorros. Tras decir esas palabras, prosiguió su camino hacia el bosque hasta desaparecer de la vista de los zorros.

—Menuda novedad —dijo Azzio acercándose a Kitsune.

En ese momento, la llama  se levantó del suelo y se acercó a Kitsune, posándose encima del collar. Este empezó a brillar y a acumular energía cerca de la llama, que poco después lanzó contra ella. Tras ese golpe, la llama se apartó del collar y se movió de un lado a otro como si no hubiese ocurrido nada.

— ¡¿Qué es eso?! —Azzio se alejó de inmediato erizando el pelo asustado.

—Ni idea, pero parece haberle ido muy bien a la llama —comentó alegremente Kitsune al ver cómo se movía su llama.

— ¿Cómo puedes decirlo tan tranquila? —exclamó Azzio impresionado por la despreocupación que mostraba Kitsune.

—Porque yo sabía dónde me metía al tener que tragarme este collar —contestó Kitsune avanzando por el bosque.

—No entiendo nada… —dijo Azzio extrañado.

—No lo necesitas —Kitsune giró su cara.

—Y yo tengo que ir con esto… —dijo Azzio.

«¿Qué se supone que acaba de pasar?… Papa, Mizyl esta me la guardo…» pensó Kitsune mientras escondía su cara de miedo de Azzio.  —No te quejes tanto y avanza, con suerte podremos llegar al pueblo Lymn antes del anochecer —dijo Kitsune adentrándose en el bosque.

—Tú no eres nadie para impedir que me queje —comentó Azzio molesto mientras la seguía.

La llama, sabiendo que se adentraban en un bosque oscuro, decidió iluminar el camino colocándose la primera. Como había ocurrido ya en otras ocasiones, los zorros siguieron a la llama hasta la salida del bosque. Una vez llegaron allí, pudieron ver un camino que atravesaba dos enormes lagos.

—Si seguimos ese camino llegaremos a Lymn —dijo Kitsune avanzando por el camino.

—Cuantos nenúfares —dijo Azzio acercando su cara al lago.

—Oye Azzio hay algo que quería comentarte —comentó Kitsune mientras se tocaba con su cola la parte trasera de su coraza.

—Yo también quería decirte algo. —Azzio se acercó a Kitsune y tocó con su zarpa el collar. — ¿Esto es un arma mágica? —preguntó Azzio recordando lo ocurrido anteriormente con la llama.

— ¿Y por qué lo quieres saber? —Kitsune hizo un movimiento para apartarse de Azzio.

—Nada del otro mundo, solo quiero saber si aparte de levantarme por la mañana con el cuello roto también estaría frito o cortado en trocitos —respondió irónicamente.

—No necesito ninguna arma para hacer eso —dijo Kitsune mostrando una sonrisa aterradora al girar su cabeza.

—Tss…  —Azzio se mordió el belfo inferior —Igualmente, cuando esa cosa brilló… Sentí un escalofrío horrible… —comentó preocupado Azzio.

—Pues yo no sentí nada —dijo Kitsune completamente tranquila.

— ¿Nada? —preguntó sorprendido Azzio.

—No, además el tema del quería hablar yo tiene más importancia que esto —La insistencia de Azzio empezaba a molestar a Kitsune.

—Venga suelta eso tan importante —dijo Azzio con cierta prepotencia.

—La prueba… Los desafíos, todo me parece un juego más que una prueba —comentó Kitsune prosiguiendo el camino.

— ¿Lo dices por lo que nos ha comentado Perla? —preguntó Azzio mientras la seguía.

—Aparte, es decir Hiwil, solo se limitó a defenderse —respondió Kitsune pensativa.

—Ahora que lo dices… —Azzio empezó a pensar en todo lo ocurrido durante el primer desafío.

—Y Perla, me atacó… una vez… o no… —Kitsune empezó a replantearse lo que iba a decir.

— ¿Qué? —preguntó Azzio.

—Perla solo lanzaba las agujas en el suelo o en los árboles. Solo una se clavó en mi pierna… ¿Por qué las clavaría en el suelo si era más eficaz clavarselo a nosotros? —se preguntó Kitsune.

—Tal vez les prohibieran atacarnos… ¿Y Perla falló su aguja? —Azzio intentó responder la pregunta que se hacía Kitsune, pero ni él mismo estaba seguro de lo que decía.

—Pero si fuese cierto los desafíos pierden la dificultad y la necesidad de tener que trabajar en equipo sería nula. —Kitsune cada vez tenía más dudas sobre funcionamiento de los desafíos.

—El trabajo en equipo siempre ha sido una estúpida ilusión —dijo Azzio molesto.

— ¿Y si no buscan ese trabajo en equipo? —preguntó Kitsune.

— ¿Y qué intentan buscar los Dioses si no es eso? —respondió Azzio con otra pregunta.

—Dioses… —susurró Kitsune intentando concentrarse al máximo. «Dioses…» Kitsune se sobresaltó, parecía como si algo se le hubiese iluminado en la cabeza «Menudo ascazo… Espero que no sea lo que pienso» Kitsune empezó a apretar con fuerza sus dientes.

— ¿Qué ocurre? —preguntó Azzio intrigado.

Kitsune miró durante unos instantes hacia otro lado, se quedó un rato pensativa y tras relajarse un poco, giró su cabeza para dirigirse a Azzio.

—Creo que hay alguien más implicado. —A Kitsune le empezaron a caer gotas de sudor frío por el cuerpo.

— ¡Eso es imposible! —exclamó Azzio alterado.

—Si no es un tercero, eso significa que el problema yace en los Dioses —comentó Kitsune preocupada.

Azzio se quedó callado ante la respuesta de Kitsune. Realmente conocía los motivos por los cuales estaba diciendo eso. El también podía ver que este desafío no buscaba una idílica amistad entre los dos clanes. Pero negar la intervención de otra criatura solo podía significar que el culpable debía ser uno de los dos Dioses.

—No sé qué decir… —dijo Azzio mirando el suelo.

—Solo queda un desafío, completémoslo antes de que quién quiera que metiese la zarpa se salga con la suya—comentó Kitsune avanzando con rapidez.

Los dos zorros avanzaron con rapidez por el camino que llevaba a Lymn. Aunque no tuvieron ningún problema para llegar, sus mentes no podían pensar en otra cosa que no fuera la verdadera intención por la que participaban en esa prueba y en quién podía ser el culpable de ello.

Tras unas escasas horas caminando, pudieron ver unas grandes puertas de madera en medio del camino con dos antorchas enfrente de ellas.

—Ya llegamos —dijo Kitsune levantando la cabeza para ver el dintel de las puertas.

— ¿El lago sigue en el interior del pueblo? —preguntó Azzio apoyándose a la orilla del camino intentando ver qué había tras la puerta.

—Muy poco —contestó Kitsune empujando las puertas. —Podrías ayudar… —dijo al ver las que puertas no cedían.

—Podría —contestó Azzio mientras observaba el paisaje.

Tras pasar unos minutos empujando con todas sus fuerzas, las puertas se abrieron con gran facilidad, como si una enorme bestia las empujase, provocando que Kitsune cayera al suelo.

—Bienvenido a Lymn pequeños —dijo una criatura semejante a Hiwil.

—Ehh, ¿Hiwil? —Azzio se sorprendió al ver a la criatura.

— ¿Hiwil? ¿Acaso conocéis a mi hermano? —preguntó la criatura mientras ayudaba a Kitsune a levantarse.

—Fue quien nos hizo el primer desafío —contestó Azzio entrando dentro del pueblo.

— ¿Ah sí? ¿Y como lo hizo ese canijo? —preguntó sonriendo mientras se inclinaba con las manos en las caderas.

—Para llamarle canijo sus poderes psíquicos estaban muy desarrollados  —contestó Kitsune mientras atravesaba las puertas para entrar en el pueblo.

—Mi hermanito siempre ha tenido un don para ellos. Aunque ahora que pienso, ¿por qué no usaste tus poderes para abrir las puertas? —le preguntó a Kitsune la criatura que les recibió.

—Pues… No pensé en ello… —contestó Kitsune escondiéndose tras su cola. —Al igual que tampoco pensaste en presentarte —dijo moviendo su cola para mostrar su rostro.

—Es verdad, mi nombre es Nylor —dijo Nylor entre risas—. Y resulta que habéis llegado en el momento perfecto

—Mi nombre es Azzio y mi compañera malhumorada es Kitsune, encantado de conocerte —comentó Azzio sonriendo mientras miraba a Kitsu.

— ¿Y por qué hemos llegado en el momento perfecto? —le preguntó Kitsune haciendo caso omiso de Azzio.

—Ha venido el guardián de Embware al pueblo —comentó Nylor emocionado.

— ¡¿El guardián de Embware?! —exclamaron los dos zorros al unísono.

— ¡Sí! Está ahora en la taberna, si os dais prisa le podréis ver. —Tras decir eso Nylor salió corriendo hacia la taberna. — ¡Venga!

Los zorros lo siguieron ilusionados y nerviosos por la presencia del guardián en el pueblo. Tras llegar allí, Nylor se acercó a la puerta. Desde fuera podían escuchar a las criaturas festejando la llegada del guardián, contrastando con el pueblo que parecía prácticamente desierto.

Nylor abrió la puerta de la taberna con gran energía y gritó con todas sus fuerzas para llamar la atención de los presentes.

— ¡Escuchadme todos! ¡Los hijos de los zorros acaban de llegar al pueblo! —Nylor se apartó alegremente de zorros.

Todos los allí presentes callaron y observaron fijamente a los dos zorros, que quedaron completamente avergonzados.

—Ehh… Hola… Soy la hija del líder de los zorros guardianes… Kitsune… encantada… —Balbuceó  avergonzada mientras apartaba la mirada de la multitud.

—Yo me llamo Azzio y soy el hijo del líder de los Caoba, encantado de conoceros —dijo Azzio con gran velocidad agachando la cabeza sonrojado.

—Entonces las historias que se contaban sobre los famosos guardianes era cierta —dijo una criatura que salió de entre la multitud.

Los dos zorros pudieron ver a un pequeño reptil alargado formado completamente por agua levitando cerca de una mesa. Sus ojos desprendían un fuerte brillo rojizo, que se asemejaba al que producían su corazón y alguna especie de vasos sanguíneos que eran perfectamente visibles debido a su cuerpo transparente. Su largo cuerpo estaba rodeado por una serie de adornos de oro circulares, presididos por un ornamento con forma de herradura en su cuello. Y sus pequeños brazos se separaban en tres dedos acabados en unas ventosas.

Los zorros quedaron atónitos ante la criatura, quién les observaba con atención como si esperase alguna reacción por su parte.

—Chicos, os presento a Radrón, el guardián de Embware —Nylor se reía por dentro por la reacción de los zorros al ver al guardián.

—D…r…Dra… ¡Un dragón! —exclamó Azzio impactado mientras observaba a Radrón de arriba abajo.

— ¿Acaso es la primera vez que veis uno? —Radrón enroscó su cuerpo como si de una serpiente se tratase.

—Sí… Los dragones que defienden los Terrenos del Agua no suelen pasearse por los pueblos —comentó Kitsune tan sonrojada que apenas poder mirar cara a cara a Radrón.

—Comprendo, aún así creía que la hija de los Guardianes habría tenido contacto con alguno —respondió Radrón extrañado por lo que le contó.

—Desde los problemas con los sacerdotes y el Dios del Agua se perdió bastante el contacto con los dragones —comentó Kitsune disgustada.

—Entonces vuestro dios debería solucionarlo. Como Señor del Agua es importante que mantenga un buen contacto con los dragones cercano a sus terrenos. —Radrón se giró y se acercó a una silla para sentarse.

— ¡Chicos, sigamos con la celebración! no se puede desperdiciar un día como este —gritó Nylor al resto de la taberna.

—Vosotros dos, ¿por qué no os sentáis aquí? Será interesante poder hablar un rato. —Radrón les ofreció las sillas que tenía delante para que se sentasen.

— ¿Lo dices en serio? —preguntó Kitsune con un intenso brillo en los ojos.

—Claro —respondió Radrón sonriendo.

—Ahora que caigo, si un guardián de Emb está aquí. ¿Eso significa que los rumores eran ciertos? —preguntó Azzio mientras tomaba asiento y dejaba la bolsa debajo la mesa.

— ¿Qué rumores os han llegado? —preguntó Radrón apoyando sus dos zarpas en la mesa.

—Que el multiforme ha enloquecido y ha empezado a recolectar sus Emb aunque eso cueste la vida de sus guardianes —comentó Kitsune mientras agarraba con su zarpa su collar.

— ¿No sabéis nada acerca del porqué? —preguntó Radrón mirando de forma indagatoria a los zorros.

—Yo escuche que quería atacar a todos los Dioses con un ejército de diez mil criaturas… —Kitsune se quedó incrédula ante el rumor.

— ¡Yo también escuche algo así! —Azzio bajó las orejas. —No será eso ¿verdad? —preguntó asustado.

—Dudo muchísimo que sea eso —Radrón enroscó su cuerpo y cruzó sus brazos — ¿Ese es el único rumor que conocéis?

—Al menos que pueda recordar —respondió Kitsune mientras intentaba acordarse de más conversaciones acerca del tema.

— ¿Habéis escuchado acerca de Thylos de Hielo? —les preguntó Radrón.

— ¡¿Qué?! —exclamaron ambos zorros al unísono.

—Ya veo que no. —Radrón se rascó la parte de atrás de la cabeza al ver la reacción de los zorros.

— ¿Me estás diciendo que hay más de un Thylos suelto por ahí? —preguntó Azzio apoyando todo su cuerpo en la mesa.

—Bueno, según dicen se asemejan. Pero realmente lo desconozco —Radrón echó atrás su cuello tras ver como Azzio se subía encima de la mesa.

—Tú, atrás —Kitsune usó sus poderes para empujar a Azzio y que se volviese a sentar. — ¿Entonces qué dicen esos rumores? —preguntó preocupada.

—Comentan que hace mucho tiempo nació un dragón semejante a Thylos que congeló gran parte del territorio del Dios del Hielo. Muchas criaturas que habitaban allí quedaron atrapadas en grandes bloques de hielo, siendo una de ellas el multiforme. Por eso comentan que, ahora que consiguió liberarse, busca la venganza contra él —les explicó Radrón.

— ¿Pero entonces por qué ataca a sus guardianes? —preguntó Azzio preocupado.

—No estoy seguro… Pero no sentí que fuese él… —respondió en voz baja, como si se hablase a sí mismo.

— ¿Como que no sentiste que fuese él? —preguntó Kitsune con las orejas bien estiradas.

—Me atacó… Fue algo tan rápido… conocía todos mis puntos débiles. No dejó paso a ningún tipo de argumento, simplemente me atacó hasta dejarme incapacitado —comentó Radrón entristecido y con los labios temblorosos.

— ¿Entonces tiene el Embware? —Azzio se sobresaltó al escuchar eso.

—Sí… Pero aparte del mío ya tenía otros consigo. Realmente creo que aparte del mío solo le faltaba otro —respondió Radrón apoyando sus zarpas en el pecho.

— ¿Pero no pudiste ni huir? —preguntó Kitsune asombrada.

— ¡No! —Radrón golpeó la mesa con su zarpa—. Aunque el enfrentamiento estuviera perdido, tenía que proteger el Emb incluso si era el multiforme quien lo reclamaba. Ese era mi cometido…

—Al menos tú sobreviviste. —Azzio apartó la mirada.

— ¿Por qué dices eso? —preguntó Radrón extrañado.

—Dicen que los guardianes de Embforst no sobrevivieron —respondió Kitsune apenada.

— ¡Eso es imposible! —exclamó alarmado Radrón. —Una de las guardianas tiene una capacidad curativa similar a la del Dios del Agua —dijo alterado por la noticias de Kitsu.

—Entonces puede que el rumor sea falso. —Kitsune intentaba animar a Radrón.

—Estoy seguro que sí, dudo que esas salvajes se hayan dejado matar tan fácilmente —Radrón susurró con la cabeza baja y apretando los dientes.

— ¿Y qué harás ahora que te han quitado tú Emb? —preguntó Azzio apoyando sus patas delanteras en la mesa.

—Por ahora hablaré con vuestro Dios para alertar sobre el posible ataque a las tierras de su Dios menor. Y después… depende de lo que pase en esa reunión  —Radrón cruzó sus brazos intentando concentrarse.

Poco después de que Radrón pronunciase esas palabras, la puerta de la taberna se abrió de golpe y entró una muchacha de pelo castaño vestida con un rojizo arrastrando un saco.

— ¡Drake! —Kitsune salió corriendo hacia ella.

— ¡Kitsune! —Drake, con una sonrisa, dejó la bolsa en el suelo y se agacho para abrazar a su amiga. —Veo que aún no habéis acabado con la prueba esa… —dijo mientras miraba decepcionada la coraza de Kitsune.

—Humana, aquí no se te ha perdido nada —comentó una criatura de la taberna asqueada por la presencia de la joven.

—Eso, lárgate ya… —gritó otra criatura gritó.

Pero parecía que esas criaturas no eran las únicas a las que no les agradaba su presencia, la mayoría de los allí presentes no estaban muy contentos de la aparición de Drake en el pueblo.

— ¡Ehhh! Relajaos —dijo Nylor mientras se acercaba a Drake. —No les hagas caso, si necesitas cualquier cosa dímelo —comentó acariciándole la cabeza.

—Solo he venido a buscar a Radrón para llevarlo ante mi padre… —dijo Drake algo molesta mientras recogía de nuevo su bolsa.

—Drake… —dijo entristecida Kitsune mientras se apoyaba en ella.

—Esa humana acabará por destruirlo todo, ¿en serio vas acompañarla? —Azzio saltó de la silla enfurecido antes de que Radrón pudiera levantarse.

—Si realmente fuese así, ¡me encargaría de purgar el continente de escoria como vosotros! —Drake, harta de esos comentarios, tiró la bolsa al suelo con todas sus fuerzas.

El ambiente se volvía más tenso por instantes, las criaturas contrarias a la presencia de la humana se sobresaltaron y empezaron a amenazarla. Azzio furioso aprovechó el caos y la confusión generados para lanzarle una bola de fuego a Drake, pero Kitsune pudo ver sus intenciones y lanzó otra bola de fuego para detener la de Azzio.

Pero antes de que Nylor o Radrón pudiesen reaccionar, ambas bolas de fuego se distorsionaron y desaparecieron como si se hubieran sido absorbidas un agujero negro. No obstante, no tardaron en reaparecer frente a los zorros, golpeándoles con fuerza.

Todos los presentes quedaron impactados ante lo ocurrido excepto Radrón, que se apresuró a salir de la taberna y lanzó una descarga eléctrica hacia una zona que a simple vista parecía vacía.

—Condenado… Hay que ser cobarde para huir tan rápido —dijo Radrón mientras observaba los alrededores en busca del causante de esa distorsión.

— ¡Kitsune! ¿Me escuchas? —Drake preguntó alterada mientras la cogía en brazos.

— ¡Kitsune! ¡Azzio! ¿Podéis levantaros? —preguntó Nylor observando a ambos zorros tirados en el suelo.

—Drake, deja, esto no es nada —Kitsune tardo un poco pero al final logró ponerse en pie sin dificultad alguna. —Mierda… —susurró Kitsune tocándose el segundo cristal de su armadura, que justo entonces se había apagado.

— ¿Qué narices fue eso? —se preguntó Azzio mientras se levantaba.

— ¿Esto? La jugarreta de algún cobarde —respondió Radrón mientras entraba a la taberna.

—Siento mucho que hayas tenido que ver esto —dijo Nylor disculpándose a Radrón.

—No te preocupes —Radrón se dirigió a la joven — Drake ¿verdad?

—Sí —Esta asintió con la cabeza.

—Guíame rápido hasta tu Dios —Radrón fue hasta la puerta y la abrió mientras hacía señales con la cabeza a Drake para que saliera.

—Siento que tenga que dejarte en estas condiciones, te deseo mucha suerte —Drake abrazó con todas sus fuerzas a Kitsune y le dio un beso a la frente antes de irse junto a Radrón.

El ambiente seguía tensó, aunque después del ataque, las criaturas se calmaron un poco por miedo a que les ocurriera lo mismo. Aun así, Azzio que seguía furioso, decidió coger la bolsa e irse fuera de la taberna.

— ¡Espera! ¿No vas a comer nada? —preguntó Nylor acercándose a Azzio.

—No tengo hambre —Azzio salió de un portazo de la taberna.

—Esto va de mal en peor… —Nylor giró su cabeza y vio a Kitsune apretando los dientes con fuerza. Ese desagradable encuentro con la hija del Dios había empeorado la relación entre los dos zorros. Más de lo que ya estaba.

La llama, que se sentía impotente al no haber podido hacer nada para detener ese ataque, se situó delante de Kitsu le acarició el morro para intentar consolarla.

—Tss… ¿tienes algo de carne que me pueda llevar a mano? —preguntó Kitsune malhumorada.

—Sí… —contestó Nylor entristecido por lo ocurrido. —Un momento —dijo antes de irse hacia la despensa.

A los pocos minutos, Nylor trajo una pata de vaca y la dejó delante de Kitsune. Esta la cogió con la boca y tras agachar la cabeza, salió de la taberna sin decir nada. Al salir de allí, se dirigió a un callejón apartado para comerse la carne sin que nadie pudiera molestarla.

—Quiero que se acabe esto ya… ¡Odio está condenada prueba y todo lo que tenga que ver con ella! —Kitsune lanzó su collar y se estiró y con una de sus patas cubrió sus ojos para ocultar las lágrimas que le brotaban.

La llama empezó a emitir unos sonidos suaves para intentar relajar a Kitsu, pero no parecía que funcionase.

—Déjalo… Solo quiero dormir y que mañana acabe todo esto —Kitsune se dio la vuelta y cerró los ojos.

La llama, al ver que no estaba siendo ignorada, se puso delante de Kitsu y la iluminó con un leve brillo que no le molestase al dormir.

*****

Tras una larga noche, los rayos del sol iluminaron la cara de Kitsune. Aunque como eso no fue suficiente para despertarla, alguna criatura decidió ayudarla bañándola con el agua más fría que pudo conseguir.

— ¡Ahhhgg! —Kitsune se levantó y intentó arañar con su zarpa a quién le había lanzado el agua. —Mizyl… —Tras abrir los ojos pudo observar al esbirro de Mizyl sentado plácidamente esperando a que ella se levantase.

Kitsune se sacudió con fuerza, no obstante seguía empapada y temblando del frio. Al notar la bajada de temperatura del cuerpo de su dueña, la llama se posó en su lomo y con un fuerte brillo empezó a transferir su calor a Kitsu para que se secase su pelaje.

—Tú tranquilo, ya habrá venganza por esto —Kitsune mostró sus colmillos amenazándolo.

Tras esas palabras el esbirro de Mizyl se levantó y realizó un gesto para que le siguiera. Kitsune, sabiendo de lo que debía tratarse, cogió su collar y le siguió sin decir palabra. Mientras tanto, su llama seguía pegada a su lomo secándole el pelo.

—Ya es suficiente, llama —dijo Kitsune rascándose con su zarpa trasera el abdomen.

La llama se desprendió de su lomo y se coloco a su lado. Kitsune la miró con una cálida sonrisa, que desapareció de golpe cuando giró su cabeza y vio a Azzio en la puerta norte de Lymn.

El esbirro se apartó hacia un lado y le indicó con la cabeza que fuera con él.

—Tss… —Kitsune se acercó a Azzio enojada.

Cuando Azzio vio como se acercaba, no le dijo absolutamente nada, simplemente empezó a avanzar hacia fuera del pueblo haciendo como si su compañera no existiese. El comportamiento de Kitsune no fue muy distinto al de Azzio, solo se dedicó a seguirle sin dirigirle palabra ni mirada.

Los dos zorros siguieron el camino que daba hacia una de las puertas fronterizas de los Terrenos del Agua. Pero antes de llegar allí, el paisaje cambió por completo. Ya no parecía que siguieran dentro de los Terrenos del Dios del Agua. Los bosques habían desaparecido y no había rastro alguno de vegetación, ni de lagos, ni de ríos. La llanura baldía que tenían enfrente se asemejaba a los páramos de las Tierras de Nadie

—Bueno jovenzuelos, este será vuestro último desafío —Una voz desconocida retumbó en el área.

Tras escuchar esa voz, los zorros se giraron y pudieron ver como dos criaturas con aspecto de reptil se posicionan delante de ellos de un salto.

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— ¡¿En serio?! —Kitsune exclamó sorprendida al ver la apariencia de la criatura.

— ¿Eres familiar de aquellos posaderos? —preguntó Azzio.

—Sí y no solo eso. Formamos parte de la caballería ligera de los Terrenos del Agua —respondió el reptil orgulloso. —Espero vengáis preparados, porque esta prueba será la decisiva —dijo mostrando su enorme lanza.

*****

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