Capítulo 7: La Llegada al Bosque de Ray’Ka

El amanecer llegó a los terrenos del Agua. Los habitantes se empezaron a despertar para así empezar su rutina, no obstante, para algunas criaturas llegaba la hora de dormir. El Sol brillaba con fuerza y sus rayos alcanzaron a Kitsune desde la ventana.

—Ahhhgg… —Kitsune sintió escozor los ojos. —¿Ya es por la mañana? —Se preguntó asomándose por la ventana.

Kitsune observó cómo muchas criaturas paseaban por el pueblo, conversaban, trabajan…

—Es hora de irse, no podemos hacer esperar a la siguiente criatura —comentó Kitsune mientras su llama se levantaba de la cama y se colocaba a su lado.

La llama produjo unos ruidos molestos, llamando así la atención de Kitsu.

—¿Qué es lo que ocurre? —preguntó observando a su llama.

La llama se acercó donde estaba durmiendo Azzio y siguió emitiendo ruidos molestos.

—Tss… Yo tampoco lo aguanto… —Kitsune avanzó hacia la cama de Azzio.

Azzio continuaba durmiendo plácidamente mientras el rostro de Kitsune cambiaba a uno más enfurecido.

—No soporto ni su existencia… —La marca de la frente y el collar de Kitsu empezaron a brillar. —Si simplemente desaparecieras…

El collar cambió de forma a la de guadaña y al mismo tiempo Kitsune tomó la forma humana.

—¡Ya no debería aguantarte ni a ti ni tus tonterías! —La cuchilla de la guadaña se empezó a oscurecer y tomó un tono rojizo oscuro. Kitsune elevo la guadaña y la clavó directamente en el cuello de Azzio. La guadaña le dejó unas marcas que se extendían desde el cuello hacia el resto del cuerpo, pudriendo cada parte que tocaban como si de una fruta se tratase.

—Todo se acabó para ti —Kitsune sonrió, pero su armadura se rompió en dos cayéndose al suelo.  —La prueba… —comentó mirando la armadura parada en el suelo—. Mizyl… —dijo preocupada por la imagen que daría.

—¡Mizyl! —Kitsune se levantó de golpe de la cama y miró hacia todos los lados. Pudo observar a Azzio durmiendo tranquilamente en su cama. —Tss… Qué asco que no pueda hacerlo realidad —comentó decepcionada mientras se volvía a estirar. —¡Aghhh! ¡El cuello! —exclamó quitándose el collar

—¿Todos los de tu clan son tan molestos por la mañana? —Azzio se quejo tapándose los oídos con las zarpas.

—¿Y así es cómo saludan los de tu clan al despertarse? —Kitsune se tumbó y estiraba el cuello para ver si calmaba su dolor.

—Tss… —Azzio se levantó y salió de la habitación dando un portazo dejando sola a Kitsune.

—Al menos hay una molestia menos de la que preocuparse… —Dejó una breve pausa— Al menos por el momento —Kitsune agarró el collar con sus zarpas  mientras lo miraba fijamente.

«¿Lo que vi en mis sueños es tu verdadero poder, o es solo cosa de mi imaginación?» se preguntó mientras lo observaba detenidamente.

En ese momento, el estómago de Kitsune rugió del hambre.

—Ufff… Que hambre tengo… —Kitsune bajó su cabeza y sus orejas. —No me puedo quedar aquí, iré abajo a comer algo —Se levantó de la cama, pero al apoyar sus cuatro zarpas al suelo su cuello empezó a doler obligándola a detenerse. —¡Ahhh!… Maldito collar —dijo agarrando el collar con la boca y colocándoselo en el cuello.

La llama de Kitsune se acercó a su cuello y lo acarició calmando un poco su dolor.

—Gracias llama… —Se quedó un rato pensativa. —Aunque ahora me entero que sabes hacer eso. —Kitsune se quedó alucinada girando la cabeza para observar su llama.

La llama se apartó y emitió un sonido agradable que relajo a Kitsune.

—Yo confío en ti, compañera —comentó Kitsune con ternura. —No creo que estés ligada al Dios del Caos… O al menos eso quiero creer. —Kitsune, preocupada, se quedó en silencio y desvió su mirada hacia un lado.

La llama no tardó en ponerse en frente y le golpeó con una pequeña bola de fuego a la cara. Kitsune no sufrió apenas daños pero sirvió para que reaccionara.

—Vale, lo comprendo —comentó dirigiéndose a la puerta—. Intentaré no darle más vueltas —dijo Kitsune acariciando su cabeza con la zarpa.

La llama se colocó al lado de la puerta y Kitsune fue a abrirla. La llama pasó primera seguida de Kitsu y las dos se dirigieron hacia la sala donde se servía la comida.

Al llegar, vieron que las mesas y la barra estaban completamente llenas, no había ningún sitio donde sentarse.

—Tsss… Al ser por la mañana todos se habrán levantado con hambre —comentó Kitsune tratando de buscar un lugar en el que sentarse.

La llama se movió entre las mesas para detectar un sitio vacío. Una vez encontró uno, volvió con Kitsune y le indicó con sus distintivos ruidos que la siguiera.

Kitsune alegre por la noticia la siguió corriendo, pero al llegar al lugar se encontró que el único sitio vacío estaba frente a Azzio. Su sonrisa desapareció de golpe y su mirada empezó a transmitir desgana al tener que sentarse ahí. Pero al no tener otra alternativa se acercó y se sentó allí. Al igual que ella, Azzio tampoco estaba contento por la situación.

—¿Por qué no podía haber otra mesa vacía? —susurró Azzio molesto por tener que compartir mesa con Kitsune.

—No hace falta que murmures, yo tampoco quería sentarme contigo —contestó Kitsune sentándose delante de Azzio. —Llama, ¿puedes avisar al posadero para que me atienda? —preguntó observando a la llama.

La llama hizo un ruido y se dirigió hacia donde estaba el posadero. Mientras esperaban Kitsune observaba sus alrededores e intentaba escuchar toda la información útil que pudieran comentar.

—¿Estás buscando algo? —preguntó Azzio apoyando sus patas en la mesa.

—Nada que a ti te interese —respondió Kitsune de forma tosca sin tan siquiera mirarle.

—Oye zorrita, ¿qué crees que opinaría la gente de alrededor si supieran que les estás espiando? —comentó Azzio en voz baja mientras le acercaba su cara.

—Tss… —Kitsune descontenta miró a Azzio —¿Por qué te interesa saberlo? —preguntó Kitsune volviendo apartar la mirada.

—Simple curiosidad —contestó Azzio estirando las orejas al igual que Kitsune.

Cuando Kitsune iba a comentar lo que escuchó del multiforme, el posadero se acercó a la llama de Kitsune.

—Kitsune, pequeña, no te había visto bajar. Suerte que tu llama me ha avisado —comentó el posadero con una falsa sonrisa.

Ambos zorros se sorprendieron porque no vieron llegar al posadero.

—No te preocupes, veo que la posada está llena a estas horas —comentó Kitsu observando su alrededor mientras su llama volvía a su lado.

—Es una alegría para nosotros que lo esté —comentó el posadero con las manos en las caderas — Igualmente a lo que venía, ¿qué desearás para almorzar? Nuestros familiares han cazado varios conejos, sería un honor que los probases—dijo acercándose a Kitsune.

—Suena interesante, y hace mucho que no como conejo

—Entonces traeré el conejo, ¿Azzio deseas alguna cosa más? —preguntó el posadero antes de macharse.

—No, yo ya estoy bien —respondió Azzio negando con su zarpa.

—De acuerdo, en unos minutos estará listo el conejo —El posadero se dirigió a la barra.

—Grac…

—No te creas que me he olvidado de lo otro, zorrita —comentó en voz baja Azzio mientras apoyaba más de medio cuerpo en la mesa para acercarse a Kitsune.

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—Tss… —Kitsune apoyó sus piernas delanteras en la mesa y su zarpa en la cara.

—Es terrible, el multiforme mató a tres de sus guardianes —comentó aterrada una criatura de la posada.

Kitsune alzó sus orejas y miró hacia el lado del que venía la voz.

—¿Escuchaste eso? —preguntó Kitsune concentrada en aquella conversación.

—Sí… —respondió disgustado Azzio levantando sus orejas y observando de reojo.

—¿Quienes cayeron esta vez? —preguntó una segunda criatura preocupada.

—Los tres hermanos que guardaban al titán Embforst —respondió la primera.

—No puede ser… —dijo Azzio en voz baja extrañado.

—¿No se supone que esos hermanos masacraron a todos los que se oponían a sus ideales? —preguntó dudosa la segunda criatura.

—Sí… Se suponía que lo hacían porque a las hembras les faltaba personalidad —respondió la primera irónicamente.

—¿Personalidad? ¿A qué se referirían con eso? —preguntó sorprendida la segunda criatura.

—No lo sé, estaban locos… —respondió molesta la primera criatura.

—¿Masacre? —preguntó Azzio extrañado.

—Escuche algo sobre eso, pero según me contaron no fue ninguna masacre —Kitsune dudaba de la fiabilidad de esos rumores. —Bah… Paso de escuchar más —comentó bajando sus orejas.

—Yo tampoco me fio mucho, mi padre me habló del multiforme y no los mata… —dijo Azzio bajando también las orejas. —Aunque yo tenía entendido que los guardianes del titán Embforst eran hembras —comentó Azzio extrañado.

—Según me contaron a mi eran asexuados…

—¡Vaya asco! Los rumores solo te confunden más —dijo Azzio molesto golpeando la mesa con su zarpa.

—Esto es así. A parte de algún escrito, los rumores es la única fuente de información que tenemos. —Kitsune suspiró profundamente.

—Son iguales… pero se ven distinto… Son iguales… —Azzio empezó a murmurar concentrado para sí mismo.

—¿Ehh? —Las palabras de Azzio confundieron a Kitsune.

—Luz… oscuridad… —Azzio seguía murmurando.

—¿Qué estás murmurando?—Kitsune giró su cabeza hacia un lado sin entender nada de lo que decía Azzio.

—Las guardianas son iguales, pero se ven diferentes. La luz guarda gran oscuridad, la oscuridad muestra gran serenidad. Son ayudadas por un cristal, el cual no te deja ver con claridad. Si tú las deseas superar tu sexualidad debes apartar —recitó Azzio manteniendo los ojos cerrados.

—¿Donde escuchaste eso? —preguntó Kitsune pensando en el significado las palabras de Azzio.

—Me lo contó mi padre… —Se quedó un rato pensativo — pero no sé de dónde proviene.

—Ya tengo el conejo —El posadero se acercó con el plato en la mano.

—Huele muy bien —comentó Kitsune olfateando la carne.

—Que aproveche, pequeña —Dejó el plato en la mesa y volvió otra vez a la barra.

—Muchas gracias —dijo Kitsune antes de que se fuera el posadero.

—Ojalá te atragantes —comentó Azzio mirándola con desprecio.

—Sabes que eso no pasará —Kitsune empezó a mordisquear la pata del conejo que le habían servido —¿Entonces no te acuerdas de donde vino? —preguntó Kitsune masticando su comida.

—No, me han hablado de tantas cosas distintas… —respondió Azzio intentando recordar.

—Igualmente tanto hablar del multiforme… No me gusta nada… —comentó Kitsune mirando hacia la ventana.

—¿Por qué estás tan interesada en el multiforme? —preguntó Azzio con una mirada indagadora.

—No se… hablan de que podrían atacar a los demás Dioses… —se quedó un rato callada. —¿Por qué unos guardianes estarían interesados en ello? —preguntó irónicamente.

—Vale, vale, me ha quedado claro —comentó Azzio mientras levantaba la pata hacia ella.

—Pues ya está —dijo de forma cortante Kitsune.

Azzio dio un buen suspiro y con la boca sacó el mapa de dentro de la bolsa. Lo estiró sobre la mesa y se puso a observarlo fijamente.

—¿Donde nos toca ir ahora? —preguntó Kitsune mientras se acababa el plato.

—Uffff… No me gusta nada ese lugar —respondió Azzio con cierto desagrado mientras apoyaba su zarpa en la cara.

—¿Qué lugar es ese? —siguió preguntando Kitsune mientras arrancaba el último trozo de carne de la pata del conejo.

—Es en el bosque Ray’Ka… es demasiado oscuro… Y por si eso no fuera suficiente, allí habitan los miembros de Sangre Oscura —se quejó Azzio apoyando su cabeza en la mesa.

—Seguramente alguno de ellos será quien nos haga la prueba —comentó Kitsune levantándose de la silla.

—Que ilusión… —dijo Azzio descontento mientras recogía el mapa y se levantaba de la silla.

—No te quejes tanto, eres una criatura con los sentidos muy afinados. Son ellos los que deberían tener asco de ti —comentó Kitsune harta de las quejas de Azzio.

—No es tan fácil detectarlos… Pase una vez por esa zona junto a mi padre… no sentí absolutamente nada… Pero allí estaban… —dijo Azzio preocupado mientras cogía la bolsa.

—Ya se verá que hacemos una vez lleguemos allí —comentó Kitsune dirigiéndose a la barra.

—No creo que sea buena idea esperar tanto —dijo Azzio pensativo mientras seguía a Kitsu.

—Nosotros nos vamos, gracias por todo —gritó Kitsune al posadero al pasar cerca de la barra.

—Nos vemos pequeña, suerte con la siguiente prueba —les contestó el posadero despidiéndose con la mano.

—Gracias… Al menos eso creo… —Se notaba la desconfianza que sentía Azzio hacia el posadero.

—Mejor olvídate de esas palabras —le susurró Kitsune.

Los dos zorros salieron de la posada y emprendieron su camino hacia el bosque Inantia. Les esperaba un largo recorrido por delante y sabían que en un día no llegarían, por lo que decidieron ponerse en marcha rápidamente para así no retrasarse mucho más.

—¿Dónde pararemos para dormir? —preguntó Azzio mientras avanzaban hacia su destino.

—Aun no estoy segura, cuando empiece atardecer ya decidiremos —respondió Kitsune.

Al salir del pueblo, emprendieron el camino que les llevaría al lago de Inantia. Era una ruta directa que podían seguir sin tener que adentrarse en los bosques de los alrededores. Eso les facilitó mucho el trayecto, ya que gracias a ello, era menos probable toparse con alguna criatura hostil.

—Menos mal que existen estos caminos y no hace falta adentrarse en el bosque —comentó Kitsune alegre observando los árboles de los alrededores.

—Sí, pero entonces el trayecto se hace más aburrido  —dijo Azzio un tanto molesto.

—Tú nunca estás contento ¿verdad? —preguntó Kitsune cansada de la cargante actitud negativa de Azzio.

—Estando contigo está claro que no —respondió Azzio apartándose de ella.

Cuando giraron la cabeza para observar el camino se dieron cuenta que había una piedra azulada se encontraba bloqueándolo más adelante.

—¿Eso qué es? —preguntó Kitsune fijando su mirada.

—Ni idea, pero esos colores no son de una piedra normal —respondió Azzio estirando sus orejas —No parece haber nadie cerca, aún así puedo sentir bastante poder en ella —comentó Azzio cerrando los ojos.

—Si es algún tipo de arma mágica no deberíamos dejarla ahí tirada —dijo Kitsune acercándose a la piedra.

Azzio esperó a que Kitsune avanzase un poco para seguirla.

—¿Me lo dices en serio? —Kitsune miró hacia atrás viendo como Azzio se quedó en la retaguardia.

—¿Quien es la guardiana aquí? —preguntó mientras apartaba la mirada.

—Increíble…

Kitsune siguió avanzando con cautela. Poco a poco la imagen de ese extraño objeto se hacía más reconocible y pudo empezar a diferenciar una mezcla de distintos azules con un blanco bastante llamativo.

—Espera, eso no es una piedra… —dijo Kitsune al acercarse bastante al objeto.

Kitsu corrió hacia el objeto, Azzio no tardó en seguirla con cierta curiosidad. Pero al acercarse y darse cuenta de que se trataba, esa curiosidad cambió bruscamente a sorpresa.

—Espera… ¡¿Cómo?! ¡¿Aquí?! —exclamó Azzio.

—Me parece increíble, esto solo podía ser una cosa… No sé cómo no me lo imagine antes… —Kitsune se quejó cuando llegó al lado del misterioso objeto.  —¡Mizyl! ¡Levántate! Hazme el favor… —gritó Kitsune golpeándolo con las zarpas.

—Nooo… Tengo sueño… —dijo Mizyl girándose hacia el otro lado.

—¿Y eso es nuestro Dios?… —Azzio lo miró decepcionado.

—No hay sueño que valga —Kitsune le clavó sus garras en la cara.

—¡Ahhh! —Mizyl se levantó de golpe y se tapó su herida con su zarpa. —¿Por qué haces eso? Estaba tan a gusto… —comentó dejándose caer al suelo.

—¡No te vuelvas a tumbar! Se lo comentaré a Drake —Kitsune agarró a Mizyl por el cuello.

—¡No! No se lo digas, lo usará después en mi contra… —Mizyl no tardó en recuperar el equilibrio después de que Kitsune lo soltase.

—Entonces haz el favor de volver al templo —Kitsune se mostraba algo enfadada.

—Llevo varios días ahí encerrado, y si no ahí, con Celeid… Dejadme descansar un poco —Mizyl se siguió quejando y bajó sus orejas y cola.

—A ver. —Kitsune se quedó un rato pensativa. —Hará dos días me dijo Drake que te encontró en la taberna molestado a los que trabajan ahí — contó mientras hacía memoria.

—Upss…Te contó eso… —Mizyl se rascaba la cabeza con su zarpa mientras evitaba mirarla.

—Y hace tres día mientras paseaba por el lago central te encontré flotando con la cabeza metida en el agua como si estuvieses muerto —comentó Kitsune golpeando con su zarpa el pecho de Mizyl.

—Pues de esa ya no me acordaba —dijo Mizyl sacando la lengua mientras seguía evitando mirarla.

—¿Quieres que continúe? —Kitsune se acercó a Mizyl mirándolo inquisitivamente.

—No… —respondió Mizyl avergonzado.

—Entonces, ¡mueve tu culo al templo de una vez! —exclamó Kitsune señalando con su zarpa hacia el templo.

—De acuerdo… —Mizyl empezó a caminar hacia el templo, pero al mirar hacia delante se topó con Azzio.  —Anda, tú debes ser el hijo de los caoba —comentó Mizyl observándolo de arriba abajo.

—¿Ehh?… Sí… —dijo Azzio con la voz temblorosa.

—Espero que consigáis pasar la prueba —comentó Mizyl antes de proseguir con su camino.

—¡Espera! —gritó Kitsune hacia el Dios.

—¿Qué quieres?… Tranquila… que iré directo hacia el templo… —comentó Mizyl dándole la razón para que se callase.

—No era eso, ¿Por qué esta prueba? —preguntó Kitsune —. Esto no va a ninguna parte, la finalidad de esta prueba es una completa estupidez.

Mizyl se quedó un rato callado pensando en cómo podría responderle.

—Eso lo deberíais averiguarlo vosotros, yo no os lo puedo decir —respondió Mizyl retomando su camino. Aunque respondió con tranquilidad, al girarse sus labios temblaban y su rostro, normalmente alegre y despreocupado, ahora mostraba intranquilidad.

—No entiendo nada —dijo Azzio observando como Mizyl se desvanecía entre los arbustos.

—Yo tampoco, esta prueba tiene algo que no me gusta —comentó Kitsune.

—Si él estaba dormido, ¿quién controlaba al bicho ese? —se preguntó Azzio ignorándola completamente.

—¿En serio solo te preocupas por eso? —se quejó Kitsune gritándole a la cara.

—A mi ese esbirro me incomoda —comentó Azzio bajando las orejas.

—No lo controla Mizyl. El esbirro tiene su propia consciencia, es completamente independiente —explicó Kitsune—. Y ahora que lo sabes ¡mueve el culo tú también! —exclamó mostrando sus colmillos.

—No hace falta que lo digas, ya sé lo que tengo que hacer… —dijo Azzio retomando la marcha.

Ambos zorros prosiguieron su camino hacia el lago Inantia. El camino no era muy largo, pero debido a los contratiempos causados por Mizyl, se retrasaron más de lo que pensaban, y para cuando llegaron el cielo ya se había oscurecido.

—Se está haciendo muy tarde… —comentó Azzio sentándose frente al lago a observar el reflejo de la luna en el agua.

—Tendremos que detenernos aquí por hoy —dijo Kitsune mientras observaba el cielo estrellado.

Azzio estiró sus orejas y se colocó cerca de los arbustos que llevaban al interior del bosque. La llama de Kitsune se dio cuenta de lo que pretendía Azzio y se acercó a él.

—¿Qué haces aquí? —preguntó Azzio al darse cuenta que la tenía al lado.

Azzio se quedó mirando extrañado como la llama se adentraba sola en el bosque.

—Va a buscar la cena, eso es lo que querías, ¿no? —Kitsune se acercó a Azzio y se sentó a su lado.

—Sí… Pero, ¿cómo lo sabía? —Azzio seguía atento a la presencia de cualquier posible presa.

—Llevamos mucho sin comer y yo tengo bastante hambre, creo que era lógico —Kitsune se acercó al lago para beber, dejando a Azzio a la espera de que volviese la llama.

Al poco tiempo, la llama salió del bosque y avisó a los zorros para que la acompañaran.

—Ya tenemos la cena —Kitsune se dirigió hacia la llama.

—Que poco me gusta eso… —Azzio miraba desconfiado a la llama.

La llama se volvió a adentrar en el bosque con los dos zorros siguiéndola de cerca. Corrieron por dentro de bosque hasta llegar a un pequeño claro cerca del lago. Antes de llegar allí, los dos zorros percibieron el olor de un animal en las cercanías y la llama, al mismo tiempo, bajó la intensidad de su luz. Los zorros se escondieron entre los arbustos para observaban el claro y pudieron ver pastar a un joven ciervo.

—Suficiente para nosotros dos, buen trabajo llama —susurró Kitsune mientras observaba al ciervo pastar tranquilamente.

La llama se movió alegremente de arriba abajo y empezó acariciar la cara de Kitsune.

—Yo iré primero —Azzio corrió hacia el ciervo y se abalanzó contra su cuello.

Cuando vio al zorro, el ciervo se giró e intentó asestarle una coz para repeler su ataque. Por suerte Azzio respondió lo suficientemente rápido como para esquivar su ataque, pero eso le dio una oportunidad al ciervo para escapar. Pero antes de que pudiera esconderse entre los árboles, su cuello se empezó a retorcer hasta romperse. Azzio vio espantando como el ciervo caía muerto delante suyo con el cuello completamente retorcido.

—¿En serio cazáis de esa manera tan salvaje? —preguntó Kitsune mientras sus marcas dejaban de brillar.

—¿Cómo? —preguntó Azzio impactado por la escena.

—Tengo poderes psíquicos, ¿acaso te olvidaste de ellos? —respondió Kitsune clavando sus zarpas en el cuerpo del ciervo.

—No fastidies… —comentó Azzio observando el estado del cuello del ciervo.

—¿Vas a comer o te quedaras ahí parado? o… ¿Acaso tienes miedo de que tu cuello acabe igual? —Kitsune se tumbó y empezó acariciar con su zarpa el cuello del ciervo con una sonrisa en su rostro.

Azzio empezó a sudar como si estuviera rodeado de feroces llamas, sus ojos se contrajeron como si se hubiese visto cegado por una potente luz y su cola, que normalmente se mantenía alzada, cayó de golpe como si le hubieran atado a un enorme peso. Pero al mover su pata, esta se golpeó con los cristales de la armadura.

«No… No puede hacerlo… Decepcionaría a Mizyl» pensó Azzio al tocar los cristales de la coraza.

—No te tengo miedo —le dijo a Kitsune mientras se acercaba al ciervo.

—¿No? Si ya parecías un cachorrito indefenso —comentó Kitsune riéndose de él.

—Eso te lo habrás imaginado tú —Tras decir eso se tumbó y agarró con la boca un trozo de carne del ciervo.

—Sí claro… —susurró Kitsune antes de empezar a comer.

Ninguno dijo una sola palabra mientras comían. Esa tensión tan desagradable que había entre ambos se volvió más evidente durante la cena. Kitsune al saciar su apetito, volvió hacia al lago sola. Pero lo más extraño fue que la llama se quedó junto a Azzio.

—La zorrita no está aquí… No sé a que estas esperando —comentó Azzio sin mirar a la llama.

La llama respondió emitiendo sus característicos sonidos mientras se movía de un lado hacia otro y le iluminaba la zona.

—¡Si esperas a que haga caso a la magia del Dios del Caos estas alucinando! —exclamó Azzio.

La llama no dudo en darle un leve golpe en el hocico y emitir un sonido más chirriante que el anterior.

—Ya no tengo más hambre —Azzio se levantó irritado y se fue hacia el lago acompañado de la llama de Kitsune. —Yo no sé como Kitsune puede aguantarte todo el tiempo —Azzio continuó prácticamente a ciegas debido a la oscuridad de la zona.

De repente la llama golpeo el cuerpo de Azzio para hacerle retroceder.

—¿Que ocu…

La llama descendió hacia el suelo, iluminando la zona que iba a pisar Azzio en aquel momento. Cuando Azzio pudo ver el suelo con claridad se dio cuenta de que el camino que iba a seguir estaba cubierto casi en su totalidad por las raíces llenas de espinas de las plantas que crecían en el bosque.

—¿Por qué? —sé preguntó Azzio observando las espinas que cubrían el camino —Si te controlasen el Dios del Caos o Kitsune habría sido una enorme oportunidad para dañarme sin que se apagaran los cristales de Kitsune… —Azzio estaba algo sorprendido por como actuaba la llama.

La llama volvió a emitir ruido y buscó un camino despejado mientras iluminaba el suelo.

—¿Qué narices eres? —preguntó Azzio observándola.

Como siempre, la llama solo respondió emitiendo sonidos y moviéndose de un lado a otro.

—No entiendo nada… —comentó Azzio disgustado bajando las orejas.

La llama se acercó a Azzio y le dio un leve golpe al hocico. Después, volvió hacia donde estaba antes para iluminar el camino que debía seguir. Azzio no dijo nada más y decidió seguir el camino que le mostraba la llama. Gracias a ella, Azzio pudo regresar al lago sin ningún tipo de herida. Para cuando llegaron, Kitsune ya se había quedado dormida.

—Aunque agradezco lo que has hecho quiero dejarte claro que no confío en ti, ni siquiera tengo claro que eres —dijo Azzio mientras dejaba la bolsa en el suelo y buscaba un sitio donde tumbarse.

Al escuchar esas palabras, la llama se acercó a Kitsune y se posó a su lado. Azzio se tumbó y cerró los ojos para descansar y estar preparado para el desafío del día siguiente.

*****

El sol se levantó el día del segundo desafío, sus rayos alumbraban las cristalinas aguas del lago Inantia. Muchos animales se levantaban para emprender un nuevo día, pero Kitsune, que aún seguía tranquilamente dormida, empezó a sentir unos ligeros golpes en su hocico.

—Ahhh… —Kitsune se rasco con su zarpa el hocico para ver si apartaba lo que le estaba golpeando.

Pero aquella sensación sólo duró unos instantes. Poco después de una pequeña pausa algo la golpeó con más fuerza.

—Para… —Kitsune se giró hacia el otro lado y movió la cola de un lado hacia otra para intentar sacarse lo que la estaba golpeando de encima.

Tras decir eso algo volvió a golpearla, pero esta vez con alguna cosa caliente.

—¡Ahhhh! ¡Llama! ¡Condenada! ¡¿Qué estás haciendo?! —exclamó Kitsune levantándose de golpe cubriéndose el hocico con la zarpa.

Habiéndose despejado un poco, empezó a sentir un fuerte olor bastante desagradable.

—Ufff… ¿A qué huele? —Kitsune se tapó rápidamente la nariz, esta vez para intentar notar lo menos posible el olor.

La llama se acercó hasta un árbol emitiendo unos sonidos bastante irritantes. Kitsune viendo lo molesta que parecía la llama, y para no tener que escuchar ese ruido, se acercó corriendo a donde le señalaba su llama.

—Puaj… Cada vez se nota más… —dijo Kitsune mientras se acercaba al árbol.

Una vez llegó allí, acercó el hocico completamente asqueada y olisqueó la zona.

—¡No!¡Que asqueroso! —gritó apartando la cara de esa zona—. Ya sé de que es el olor. — Kitsune se acercó a Azzio que en aquel momento dormía plácidamente. —¡Estúpido zorro creído! ¡Despierta! —le gritó Kitsune cuando llegó a su lado.

—Ummmhhh… Que chillona eres… —dijo Azzio recogiendo sus orejas con sus zarpas.

—Mira zorro asqueroso, como vuelvas a intentar marcar tu territorio en zonas donde este yo, juro por tu patética vida que marcare con mis garras tu estúpida cara. ¡¿Te ha quedado claro?! —dijo Kitsune apretando con su zarpa el pecho de Azzio.

—¡No! —dijo Azzio entre toses.

—Bahh… Qué asco me das —Kitsune retiró su zarpa y se dirigió hacia el lago para beber agua.

—Y qué tremendo dolor de oídos me da escucharte —comentó Azzio acariciándose la oreja.

—Igualmente, coge la bolsa, hay que avanzar —dijo Kitsune colocándose su collar en el cuello.

—Pfff… mandona… —comentó Azzio levantándose y recogiendo la bolsa.

La llama no tardó en adelantarse para mostrarles el camino que tenían que coger para llegar hasta el lugar de la prueba.

—El bosque está aquí al lado —comentó Kitsune esperando a que Azzio llegase su posición.

Una vez Azzio las alcanzó, dejaron a la llama ir delante para que les iluminase el camino y así poder ver mejor por donde iban. Se adentraron entre la maleza que había alrededor del lago y continuaron el camino hacia la segunda prueba. No les quedaba mucho camino, así que aprovecharon y se detuvieron para cazar algún animal incauto durante el trayecto.

—¿Me lo parece a mí o cada vez hay menos luz? —comentó Azzio mientras seguían su camino hacia el bosque Ray’Ka.

—No, realmente hay menos luz que antes —dijo Kitsune observando el poco cielo que podía verse.

Cuanto más avanzaban por el bosque, menos luz les llegaba. Un vez llegaron al bosque de la prueba se encontraron con un cartel cortado por la mitad.

—Bos… Ray… —leyó Azzio en voz alta.

—Sin duda es el bosque de la prueba —comentó Kitsune contemplando la espesura del bosque.

—Pfffff… Esto es más feo de lo que recordaba —dijo Azzio observando los oscuros colores de los árboles.

—Igualmente hay que avanzar —dijo Kitsune entrando dentro del bosque.

—Genial… —Azzio  la seguía de cerca.

Una vez se adentraron en el bosque, la llama tuvo que iluminar la zona, ya que les resultaba prácticamente imposible ver algo en el primer trecho. Pero a medida que iban avanzando, un extraño brillo verde, que provenía de las hojas de los árboles, fue intensificándose hasta que llegaron a la zona concertada para el desafío, donde ya pudieron ver con cierta claridad.

—¿Se supone que aquí hay alguien? —Kitsune se quedó atenta intentando detectar cualquier movimiento.

—Sí… Pero es lo que te comentaba, no hay forma de detectarlos —Al igual que Kitsune, Azzio también se concentró intentando percibir cualquier rastro de alguna criatura.

Poco después de que la llama empezase a buscar por esa área intentando encontrar a la criatura de la prueba, una aguja salió volando de entre las sombras y la clavó en un árbol dejándola inmovilizada.

—¡Llama! —gritó Kitsune corriendo hacia ella.

Mientras se intentaba librar de la aguja que la mantenía prisionera, la llama empezó a emitir unos sonidos que se asemejaban a los de una cría en peligro. Pero cuando Kitsune llegó junto a ella, otra aguja se clavó delante de Kitsune.

—¡Deja de esconderte! —exclamó Kitsune enojada.

Tras esas palabras, de las sombras de bosque apareció una sombra que avanzaba hacia ellos. A medida que se les acercaba se los rasgos de esa criatura iban viéndose con más claridad. Lo primero que pudieron apreciar fue un brillo azulado en los ojos de la criatura. Poco a poco empezaron a poder apreciar unas enormes alas negras, cuyas plumas brillaban con el mismo tono que los ojos; dos largas orejas le caían por su cuerpo como si se tratase de una melena; una enorme cola, que se asemejaba a la de una ardilla, recubierta por un pelaje brillante en la zona superior; y una bufanda, que escondía parte de su rostro, perfecta para guardar esas terribles agujas que lanzaba a sus enemigos.

—Yo de ti dejaría esa llama donde está —comentó la extraña criatura dejándose ver ante los zorros —Tranquila Kitsune, no está sufriendo ningún daño —La criatura se guardó una aguja, que tenía  en la mano, en  su bufanda.

—¿Por qué no la dejas ir? —gritó Kitsune enfadada.

—Es muy simple, esa llama os da demasiada ventaja en esta prueba. No serviría de nada que os la resolviera ella —explicó la criatura acariciándose las orejas.

—¿Entonces tu eres la criatura encargada de la prueba? —preguntó Azzio.

—Creo que está bastante claro. Estáis ante la hija del líder del clan más importante de los Sangre Oscura. Pequeños zorritos, ¿en serio no sabéis quién soy? —preguntó decepcionada.

—Perla… Por desgracia sí sé quién eres —dijo Azzio mordisqueándose el belfo inferior.

—Como no, pequeño Azzio. Después de esa derrota en la que vuestros sentidos no os sirvieran de nada, esperaba que nos recordases —comentó Perla.

—Que molestia… lo siento llama —susurró Kitsune alejándose de su llama.

—Bueno, ahora que no tenéis a esa molesta llama, me podréis enseñar de que valéis, queridos zorritos —declaró Perla.

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