Capítulo 6: El Primer Desafío

La tensión se palpaba en el ambiente cuando Celeid declaró como iniciada la prueba. Los zorros se observaban fijamente, reflejando el desagrado que sentían el uno por el otro. Celeid se dirigió de nuevo a ellos dejando escapar una ligera sonrisa al ver su actitud.

—La prueba se dividirá en tres desafíos que deberéis superar —explicó Celeid observando cómo se colocaban los zorros las armaduras.

—¿En qué consisten esos desafíos? —preguntó Kitsune una vez se colocó la coraza.

—¿Y por qué nos tenemos que poner esto? —preguntó Azzio mientras intentaba sacar la pata de dentro de la armadura.

—Cuando llegáis a la zona acordada con las otras criaturas, descubriréis en qué consiste cada uno de ellos. —Celeid soltó la vara, que se quedó en el sitio sin caerse, y se dispuso ayudar a Azzio a sacar su pata de la coraza. —La coraza fue capricho del Dios del Agua.

—Eso no explica porqué nos la debemos poner —se quejó Azzio mirando su propia coraza.

—Si te callases y me dejaras hablar, tendrías tus respuestas —respondió Celeid molesta.

Azzio se calló de golpe y agachó la cabeza mientras bajaba tanto las orejas como la cola.

—Os entregaré una bolsa con un mapa dentro. Allí está marcado donde tendréis que ir y en qué orden. Al completar los distintos desafíos con éxito os darán un objeto que tendréis que meterlo en  la bolsa y é cuando hayáis conseguido finalizarlos todos —explicó Celeid señalando la bolsa que se encontraba a su lado —El tema de la armadura es más complicado, pero solo lo explicaré una vez. Así que estad atentos —Alzó la voz Celeid mientras señalaba la coraza.

—Como podéis observar, vuestros armazones tienen tres cristales mágicos que brillan en un lateral. Si uno de vosotros decide atacar a vuestro compañero, dejará de brillar un cristal del zorro agresor. Si dejan de brillar los tres cristales la armadura se romperá y eso significa que ese zorro no superará la prueba.

—¡¿Como?! —exclamaron al unísono los dos zorros.

—No solo eso, la armadura tiene una cierta resistencia, si esta recibe mucho daño del exterior, la que realmente se verá afectada es la armadura del zorro que no lo esté recibiendo. Así que tened en cuenta que de esa forma también se puede romper —explicó Celeid mientras desviaba la mirada con disgusto hacia el collar que portaba Kitsune.

—¡Espera un momento! ¿Me estas diciendo que si a la zorra esta le da por atacar a su propia coraza, la mía se romperá y así perderé la prueba? —gritó alterado Azzio alucinando con la noticia.

—En el caso que uno de vosotros golpee su propia armadura será uno de los cristales de esta él que dejará de brillar —comentó Celeid con cara de desagrado.

—Uff… menos mal. —Azzio suspiro de alivio por las palabras de Celeid

—Es decir, que para ganar la prueba, aparte de traer los objetos, tenemos que llevar la coraza puesta, ¿no? —preguntó Kitsune.

—Exacto.

Los dos zorros mostraron un claro descontento por la armadura. Ya de por si no era cómoda de llevar, pero el tener que verse obligados no solo a no atacar, sino que también a proteger al otro zorro era una idea que a ninguno de los dos les agradaba.

—Ahora que conocéis las reglas de la prueba, es hora de que partáis —Celeid cogió la bolsa y la lanzó en medio de los dos.

Ambos zorros cruzaron sus miradas después de observar la bolsa, esperando que uno de los dos se decidiese por cogerla. Pasaron unos desagradables segundos hasta que Kitsu decidió acercarse a recogerla. Pero en ese momento Azzio se movió dándole un empujón que apartó a Kitsune.

—Bah, déjame a mí, no vaya a ser que te canses —comentó con un tono engreído.

Kitsune se quedó quieta en el sitio donde se encontraba, con el pelaje erizado y mostrando sus dientes. Pero teniendo a Celeid tan cerca no consideró conveniente iniciar una pelea con Azzio, por lo que decidió no darle importancia al asunto y lo siguió hacia el interior del bosque.

Los dos continuaron adentrándose en el bosque hasta que llegaron a un pueblo que se encontraba cerca.

Allí Kitsune estiró sus orejas para intentar enterarse de todo lo que podía de las criaturas que se encontraban por la zona. Azzio no tardó en darse cuenta de que Kitsune parecía algo distraída mirando hacia todos los lados.

—¿Acaso se te ha perdido algo? —preguntó Azzio algo malhumorado.

—Nada que a ti te interese —Kitsune respondió con una fría mirada de desagrado.

En ese momento una joven con un vestido rojo con marcas negras se acercó a ellos.

—¡Kitsune! Hace mucho que no nos vemos —gritó la chica dirigiéndose a Kitsune.

—Drake, qué alegría verte —exclamó con una sonrisa Kitsune mientras se levantaba apoyada con sus patas traseras para abrazar a Drake.

Drake y Kitsu se abrazaron alegremente al verse. A diferencia de Azzio que se alejó mirándolas asqueado.

—¿Qué le ocurre a ese? —preguntó extrañada.

—No le hagas caso, al pobre no le llega la sangre a la cabeza —contestó Kitsune al ver como se alejaba.

Drake se quedó pensativa unos segundos mirando al zorro.

—¡Ahhh, claro! Acabo de caer que Mizyl me comentó algo de una prueba con los dos clanes o algo así —dijo Drake en un sobresalto —ya me extrañaba verte con uno de los otros.

—Si… Yo no sé en qué pensarían los Dioses… —se quejó Kitsune

Drake se quedó otra vez pensativa, pero no conseguía ninguna respuesta.

—Desconozco porqué llevan a cabo el asunto de la prueba, solo se que Mizyl se quejo bastante de los roces entre los dos clanes —comentó Drake intentando recordar las conversaciones que tuvo con su padre.

—Dejando eso de lado, ¿qué haces tú por aquí? —preguntó Kitsune ignorando a Azzio.

—Ahh, sí, acabo de llevar los materiales para la costura de mi nuevo ropaje —respondió Drake con una sonrisa.

—Ya era hora. Cuando este acabado me lo tendrás que enseñar —dijó Kitsune moviendo su cola contagiada por la alegría de Drake.

—Claro que si. Fuiste de mucha tu ayuda para convencer a los demás. —Drake finalizó el comentario con una mueca.

—La gente no es tan valiente cuando cuelgan del aire —dijo orgullosa Kitsune guiñándole el ojo también.

—¿Quieres dejar de hablar con esa humana? ¿O ya te has olvidado de la prueba? —gritó Azzio enojado mirándolas asqueado.

—Tss… Ya me gustaría haberte olvidado —murmuró Kitsune dándose la vuelta —Me tengo que ir antes de que se vuelva más irritante, ya nos veremos al finalizar la prueba. —Kitsune se despidió mientras avanzaba hacia Azzio, pero Drake no tardó en detenerla agarrándola por la cola.

—¡Cuántas veces te he dicho que no me agarres la cola! —exclamó Kitsune molesta.

—Ten cuidado, los críos no saben lo que dicen —susurró Drake preocupada al ver el comportamiento de Azzio.

—Ya veo que te has dado cuenta que ese zorro habla más que piensa —comentó Kitsune sin apenas escuchar la advertencia de Drake.

—¿Por qué hablabas con esa humana? —preguntó Azzio molesto —Después os creeis superiores.

—¿Acaso sabes quien es? —preguntó Kitsune irritada mientras se acercaba a Azzio.

—Si… Es el capricho del Dios del Agua, y quien tarde o temprano nos matara a todos —respondió Azzio con desprecio, tanto en su rostro como en su forma de hablar.

—Tu no tienes ni idea sobre el tema de Thylos, se nota que Celeid te ha comido la cabeza —se quejo Kitsune acercándose de forma agresiva a Azzio.

—Yo podría decir lo mismo con Mizyl, ese Dios es muy ingenuo —comentó Azzio mientras proseguía su camino.

—Listillo, ¿acaso sabes donde se realiza la primera prueba? —preguntó Kitsune mientras se sentaba.

Azzio se paró en seco y se giró mirando su mochila.

—Tú y tu estúpida amiga me habéis despistado —respondió Azzio enojado.

Kitsune se acercó a Azzio y cogió el mapa con la boca de dentro de la bolsa. Contempló el mapa y vio una señal a las afueras del pueblo en dirección contraria a la que iban.

—Genial, estábamos yendo por el lado contrario —se quejo desquiciada metiendo con fuerza el mapa en la bolsa, cosa que causó que Azzio se tuviera que agachar por el golpe.

Kitsune se giró y siguió el camino que llevaba a las afueras del pueblo, Azzio como no pudo mirar el mapa tuvo que seguirla. El camino fue exasperante para ambos, ninguno de los dos se dirigía la palabra. Se tenían tanto asco que evitaron todo lo posible girar la cabeza hacia el lado donde se encontraba el otro.

Kitsune siguió intentando escuchar a las criaturas para ver si sacaba algo de información útil, pero no logró encontrar nada interesante. Mientras tanto Azzio observaba atentamente a la llama de Kitsune. No le agradaba ver algo que tuviera que ver con el Dios del Caos merodeando a sus anchas, y aún menos tener que soportar la compañía de una criatura que se había vendido a él por poder.

Al salir del pueblo, cruzaron el riachuelo que lo separaba del Bosque de Verlym y se adentraron en él. No era un bosque muy frondoso, pero aun así era de los más conocidos del terreno debido a los inmensos árboles que lo poblaban. La abundante luz que penetraba entre las grandes ramas de los árboles permitía el crecimiento de una gran variedad de flores y plantas que inundaban de color el sotobosque. Esa exuberante vegetación atraía a muchos insectos, que a su vez, servirían de alimento a los pequeños animales que allí habitaban, revelando así la gran actividad que había en el lugar.

Debido a sus condiciones, Verlym no solo era el hogar de una fauna muy variada, sino que era un lugar de reunión para las hadas de los alrededores, dotándolo de una aura de magia y misticismo.

—Según la señal la prueba debería ser por esta zona —comentó Kitsune mirando los alrededores.

La llama de Kitsune reaccionó y se elevó hacia una de las ramas de un árbol. Ambos la siguieron con la mirada hasta que esta se detuvo al llegar a la rama. En ese momento, apareció una pequeña criatura con enormes orejas, desde las que caía un velo, unas pequeñas alas emplumadas y dos cristales que lucían un bello color rojizo encima de sus ojos.

—¡Ahhh! ¡Apártate de mí! —exclamó la criatura intentando apartar a la llama de un golpe .

La llama esquivó el golpe y bajó hasta donde estaba Kitsune para situarse a su lado.

—¿Entonces esa llama era tuya? Menudo susto —dijo la pequeña criatura mientras observaba como la llama volvía con su dueña.

—¿Y tú vas a ser el primer desafío? —preguntó Azzio.

—Exacto —respondió balanceando una garra que llevaba como colgante. —La prueba solo consiste en quitarme esto antes de que anochezca. Parece sencillo, ¿verdad? —comentó en un tono sarcástico.

—Así que solo hay que quitarte el colgante. —Azzio dejó la bolsa a un lado y adoptó una postura agresiva.

—¡Alto los dos! —gritó Kitsune.

—¿Qué es lo que ocurre? —preguntó la criatura mientras se agachaba.

—No sería de buena educación empezar esta prueba sin que al menos nos presentáramos —comentó Kitsune molesta.

—Ahh… tienes razón. —La criatura se rascó la cabeza como si se le hubiese olvidado alguna cosa.

—¡A quién le importan las presentaciones! ¡Vamos contrarreloj! —se quejó Azzio erizando su pelaje.

—La señorita tiene razón, es una prueba entra criaturas de alto rango de los Terrenos del Agua, sería de mala educación no presentarse. —Se puso la mano en el pecho mientras se levantaba. —Mi nombre es Hiwil y pertenezco a las criaturas encargadas de explorar terrenos.

—Mi nombre es Kitsune y soy la hija del líder de los guardianes de los Terrenos del Agua. —dijo Kitsune orgullosa.

—El mio es Azzio y soy el hijo del líder de los zorros caoba. ¿Podemos empezar ya? —se quejó Azzio descontento.

—Que molesto eres —comentó Kitsune mirándolo desprecio.

—Bueno, tengo ganas de ver de lo que son capaces los famosos zorros guardianes, espero que todo lo que se contaba antes de vosotros siga siendo verdad —dijo ansioso Hiwil con las manos en las caderas. —¡Que de comienzo la prueba! —gritó levantando la mano.

—¡Lo primero será bajarte de ahí! —Azzio lanzó una gran llamarada por la boca que fue directo a por Hiwil.

Hiwil sonrió y en un instante desapareció de la zona, siendo esta arrollada por el fuego.  La enorme rama, en la que Hiwil se encontraba unos instantes atrás, empezó a arder y el fuego no tardó en propagarse a las hojas cercanas.

—¡Espera! ¡El bosque! —exclamó Kitsune viendo cómo ardía el árbol.

—¡¿En serio no sabéis cómo parar esas llamas?! —preguntó asustado Hiwil apareciendo debajo del árbol.

En ese momento una criatura con forma dracónica compuesta por agua apareció de detrás de los árboles y lanzó un chorro al lugar donde estaban las llamas. La magia del agua no solo las apagó, sino que también regeneró lo destruido por ellas.

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—¡Mizyl! —exclamó Kitsune felizmente mientras observaba cómo la criatura les miraba desde lejos.

—Menos mal que el Dios pensó la forma de contrarrestar vuestras llamas —dijo Hiwil después de suspirar de alivio.

—¿Pero eso no se irá? —preguntó Azzio observando el esbirro de Mizyl.

—¿Para qué? ¿Para que incendiemos el bosque? —Kitsune preguntó enojada.

—Si lo entiendo… pero me incomoda que esté ahí. —Azzio intentaba ocultarse con su cola para evitar ser visto por el esbirro.

—Comprendo lo que dices, pero lo más razonable sería que se quedase ahí —comentó Hiwil alejándose de los zorros —Una vez dicho esto, prosigamos con la prueba —declaró mirando a Kitsune y Azzio.

—¡Sí! —gritó Kitsune mientras se posicionaba, a diferencia de Azzio, que seguía intranquilo observando a la criatura.

Kitsune alzó la cola y la marca de su frente empezó a brillar. Hiwil se empezaba a sentir agarrotado. No era capaz de mover ni un músculo del cuerpo, pero aun así lograba mantenerse en el aire, aunque más que ser él quien levitase, parecía como si le hubieran atado en el aire.

Kitsune se abalanzó hacia él, pero Hiwil, al ver que no sería capaz de soltarse a tiempo, hizo brillar los cristales de su cabeza y logró zafarse antes de que Kitsune lo alcanzase.

Kitsu se dio la vuelta al darse cuenta que no lo pudo atrapar y miró hacia donde se encontraba la criatura.

—¿Seguirás quedándote ahí parado? —Kitsune se quejo al ver como Azzio parecía más concentrado en la criatura de agua que en la misma prueba en la que se encontraban.

—¿Ehh? —Azzio no se enteró de lo que le dijo Kitsune ya que estaba absorto ante la criatura.

En ese momento la criatura abrió la boca y escupió una aguja de agua que tardó en impactar cerca de Azzio.

—¡Ahhh! —Azzio gritó asustado mientras se apartaba intentando evitar el ataque.

—¿Esto es todo lo que podéis hacer? —preguntó Hiwil decepcionado.

—¿Cómo quieres que te enseñemos algo si mi compañero no reacciona? —se quejó Kitsune.

El esbirro de Mizyl frunció el ceño mientras miraba a Azzio.

—¡Deja de mirarle! —gritó Kitsune enfurecida.

Azzio dio un giro brusco mirando tanto a Hiwil como a Kitsune.

—¡Yo ya sé lo que tengo que hacer! ¡Dejad de gritarme! —exclamó Azzio irritado.

—El tiempo corre, cachorros —comentó Hiwil acercándose a una rama.

Azzio lanzó una llamarada hacia Hiwil, pero este se desvaneció antes de que lo alcanzase. Cuando este desapareció, Azzio levantó todo lo que pudo las orejas y empezó a mirar fijamente su alrededor intentando localizar algún rastro de la criatura. A los pocos segundos Azzio se abalanzó hacia una zona que parecía vacía.

—¿A dónde te crees que v…

Hiwil apareció en ese lugar justo antes de que Kitsune pudiese acabar la frase; sin embargo, Azzio fue detenido en el aire antes de que le pudiera alcanzar.

—No está mal —dijo Hiwil mientras lanzo por los aires a Azzio.

Al ver que Azzio iba a colisionar contra un árbol, Kitsune usó sus poderes psíquicos para detenerlo y bajarlo suavemente.

—Si Azzio ha podido detectarte debe significar que no te estas teletransportando —comentó Kitsune mientras miraba a Hiwil.

Hiwil simplemente sonrió al escucharla.

—Entonces veamos cómo soportas la presión —Kitsune lanzó una bola de fuego de color azulada hacia la criatura.

Justo en el momento en que tendría que haber entrado en contacto con el fuego, Hiwil desapareció de la misma forma en la que lo había hecho anteriormente. No obstante, antes de poder reaparecer, Hiwil se dio cuenta de que Azzio se estaba abalanzando hacia la posición a la que se dirigía y como si se tratase de un acto reflejo los cristales de su cabeza volvieron a brillar. Pero Kitsune sabiendo que volvería usar sus poderes psíquicos, activo los suyos para poder contrarrestarlos.

Viendo que Azzio seguía a la carga aún habiendo usado sus poderes, Hiwil sabía que no tardaría en ser alcanzado. Así que con un rápido movimiento, erizó su cola hasta el punto en que los pelos parecían agujas y golpeó a Azzio.

—¡Aahhh! —exclamó Azzio retirándose a un lado.

El cuello y la cara de Azzio empezaron a sangrar más de lo que él podía imaginarse. El impacto no solo había logrado apartarlo, sino que también le provocó unos arañazos.

—Espero que esas heriditas no te hagan retroceder —comentó de forma burlesca Hiwil mientras se posaba en el suelo.

—¡Si crees que con eso me vas a detener lo llevas claro! —gritó Azzio furiosos mostrando sus colmillos y erizando el pelaje.

«Esta es la primera vez que nos hiere al defenderse, pero me parece extraño que no nos haya atacado. ¿Por qué motivo sólo se limita a defenderse?» Se preguntaba Kitsune mientras observaba el comportamiento que presentaba Hiwil.

La llama de Kitsune empezó a moverse y a chirriar.

—Vamos a tener que presionarlo más si queremos quitarle el colmillo. —Kitsune alzó la vista al cielo. —Aún queda tiempo.

«Pero si este no aprende a calmarse será difícil hacer algo en equipo.» Pensó Kitsune mientras observaba como Azzio arañaba el suelo con rabia.

—Ven aqui zorrito. —Hiwil intentaba provocar a Azzio.

Azzio lanzó otra llamarada hacia Hiwil. Como respuesta a ese ataque, Hiwil volvió a desvanecerse y apareció justo debajo de unas ramas cercanas, pero Azzio, que ya había tenido en cuenta ese movimiento se abalanzó hacia su nueva posición. Justo cuando Hiwil fue a defenderse, la llama de Kitsune le lanzó una pequeña bola de fuego, dejándolo desconcertado y permitiendo que Azzio lo derribara.

—Ahora el colmillo es mío —dijo Azzio dirigiendo su boca hacia el colmillo.

—¡Noooo! —El golpe contra el suelo hizo que Hiwil pudiese recobrar el sentido y no tardó en crear un campo psíquico que repelió a Azzio de su lado.

—¿En serio no lo has podido conseguir? —se quejó Kitsune mientras veía a Azzio recuperarse del golpe.

—¡Ahh! ¿Qué narices es esa llama? —preguntó mientras se frotaba los ojos y retomaba el vuelo.

—Lo mismo me pregunto yo —comentó Azzio observando a la llama.

—Es mi compañera, es lo único que voy a decir —respondió Kitsune decidida.

—Tsss.. Que molesto —susurró Hiwil.

—¡A ver como te defenderás ahora Hiwil! —Kistune lanzó una bola de fuego hacia Hiwil.

—Ya lo veras. —Hiwil se la devolvió con sus poderes psíquicos.

—Recuerda que somos dos. —Azzio se abalanzó contra Hiwil.

Repentinamente, Hiwil desapareció del lugar, pero esta vez, antes de que reapareciera de nuevo, Azzio lanzó una llamarada hacia la zona donde iba a aparecer.

—No es suficiente. —Hiwil se deshizo con facilidad del ataque de Azzio.

Pero la llama de Kitsune fue rápida y lanzó el mismo ataque de antes para aturdir a Hiwil. En el momento que fue alcanzado, a Kitsune le dio tiempo para ir contra él para quitarle el colmillo.

Hiwil no tardó en recobrar el sentido y echarla fuera con el campo psíquico. Pero Azzio que espero a que lo usase, cargo contra él y de un tirón agarró con la boca el colmillo.

—El colmillo es mío —balbuceó Azzio con el colmillo en la boca.

—Dirás nuestro… —comentó Kitsune molesta mientras su llama soltaba un chirrido.

—¡Maldición! Creía que podía repeler esa llama. ¿De dónde ha salido eso? —preguntó Hiwil sorprendido por el poder de la llama.

—Ya dije que no contestaría…

—Es cosa del Dios Caos… —interrumpió Azzio asqueado mientras metía el colmillo con la bolsa.

—Tu no sabes absolutamente nada, así que cierra esa bocaza —contestó toscamente Kitsune acercándose a Azzio.

—Sea o no lo sea, es una magia muy fuerte. —Hiwil se acercó a la llama. —Y no parece que tengas control alguno en ella. —Fue a tocar la llama con la mano y esta empezó acariciarla.

Kitsune se quedó callada y asintió, Hiwil estaba en lo correcto. La llama era independiente aunque tendía a obedecer sus órdenes o ayudarla.

—Igualmente, la finalidad de este desafío era trabajar en equipo… Lo habéis superado… pero… no he visto nada de trabajo en equipo

—¿Como quieres que ayude a una zorra que está ligada al Dios de la Nigromancia? —se quejó Azzio restregándose su zarpa por la herida.

—Ya empezamos… —Kitsune susurró aburrida de las locuras de Azzio.

En ese momento unos látigos de agua surgieron del suelo agarrando a Azzio por las patas, provocando que cayera al suelo de espaldas.

—¡¿Pero qué?! ¡Suéltame! —Azzio intentaba soltarse.

—Oye cachorrito, los guardianes hicieron un trato con el Dios del Caos. Pero con la Nigromancia no tienen nada que ver —explicó Hiwil mientras observaba como Azzio intentaba zafarse sin éxito.

—No te va a hacer caso, no ves que Celeid le ha lavado el cerebro… el poco que tiene… —comentó Kitsune susurrándole a Hiwil la última parte.

—No ayudeis… mejor seguid cotorreando… —comentó Azzio con tono sarcástico.

—Lo siento mi maldad no me permite ayudarte —contestó de forma irónica.

—Igualmente, ahí viene un voluntario —dijo Hiwil señalando al esbirro del Dios del Agua mientras se acercaba.

—Ohh… ¡No! Cualquier cosa menos eso… —Azzio se quejó mientras torcía el cuello para ver al esbirro acercarse. —¡Alejate! ¡Vete! ¡No! ¡Fuera! ¡No! ¡Nooooooooo…! —gritó Azzio al ver como el esbirro le lamía toda la herida para curarla.

—Mira el lado positivo, al menos ya no tienes la herida —comentó Kitsune riendo por la desgracia de Azzio.

Azzio gruñó molesto mientras se secaba con las zarpas el agua de su pelaje.

El esbirro volvió al interior del bosque pero se seguía manteniendo por los alrededores.

—Bueno criaturitas, en esta zona ya habéis acabado. Solo puedo desearos suerte en el resto de pruebas. —Al acabar de hablar, Hiwil le dio un leve golpe en el lomo a Kitsune.

—Te lo agradecemos. Nos pondremos en camino hacia la siguiente prueba —comentó Kitsu sonriendo.

—Si seguís este bosque llegaréis al pueblo Hyniart. Deberíais poder descansar allí, la siguiente prueba está un poco lejos —comentó Hiwil señalando hacia el oeste.

Azzio se sacudió y se colocó delante de Hiwil.

—Entonces sigamos. —Azzio recogió la bolsa del suelo con cierto desagrado y se dirigió hacia donde señaló Hiwil.

—Muchas gracias Hiwil, espero que nos podamos volver a ver pronto —dijo Kitsune agachando la cabeza.

—No hay de que. Hasta la vista —comentó Hiwil mientras veía a los zorros entrar dentro del bosque.

«No entiendo realmente la prueba, es una verdadera pérdida de tiempo.» Hiwil parecía preocupado.

Azzio y Kitsune continuaron caminando por el bosque sin siquiera hablarse ni mirarse. Azzio caminaba golpeando el suelo con fuerza, se notaba que aún seguía enojado por lo ocurrido durante el desafío. En cambio, Kitsune parecía bastante tranquila y aprovechaba los momentos de calma para ir observando los alrededores, intentando ver al esbirro de Mizyl.

Aproximadamente a mitad del trayecto hacia el pueblo, Azzio empezó a refunfuñar mientras su cara de enojado iba a más.

—¿Qué se supone que te pasa ahora? —preguntó Kitsune harta de escucharle.

—¡Estoy harto del Dios del Agua y de tener que ir contigo! —exclamó girándose de forma brusca hacia Kitsu.

—Mira, no eres el único que está descontento con esto —comentó Kitsune mientras bajaba el morro de Azzio con su zarpa.

—El único ser tan estúpido como para pensar que se conseguiría algo con esta prueba es tu Dios —Azzio mostró sus colmillos a la vez que gruñía a Kitsune.

—Sabihondo, ¡la prueba fue idea de tu Diosa! —respondió molesta Kitsune al ver la actitud que presentaba Azzio hacia Mizyl.

—¡No culpes a Celeid de las alocadas ideas de Mizyl! —Azzio se acercó a Kitsune erizando su pelaje.

—¡Y tu no eches las culpas a Mizyl desconociendo completamente lo ocurrido! ¡Ignorante!—Kitsune iba elevando el tono de voz a medida que la conversación avanzaba.

—¡Cierra esa bocaza! ¿Crees que siempre tienes la razón? —exclamó golpeando el suelo con fuerza para mostrar su enfado.

—¡Claro que la tengo! Es lo que tiene no vivir en la ignorancia. —Kitsune alzó la cabeza en señal de superioridad.

—¡Ya no aguanto mas! —Azzio se abalanzó contra Kitsune y le clavó sus fauces en el cuello.

Kitsune, dolorida por la herida en el cuello y furiosa por las palabras de Azzio, envolvió sus garras con fuego mágico y apartó a Azzio clavándoselas en el hocico.

Al ver que la discusión se había convertido en una pelea, el esbirro de Mizyl no dudó en intervenir y separarlos con un potente chorro de agua. Los dos salieron disparados hasta chocar contra el mismo árbol. La coraza resistió el golpe, pero en cada armadura uno de los cristales dejó de brillar.

—¡Mierda! Como he podido caer ante esa provocación. —Kitsune aún estaba se recuperando del golpe.

—Ahhh… —Azzio aún seguía en el suelo dolido con los ojos cerrados.

Al recibir el chorro de agua las heridas que de ambos zorros sanaron, pero el duro golpe contra el árbol les seguía doliendo.

Una vez separados, el esbirro volvió a ocultarse en el bosque al igual que las otras veces, pero en su rostro se notaba lo molesto que estaba por lo ocurrido.

Kitsune se levantó como pudo, pero sus piernas aún temblaban por el golpe. No obstante, Azzio seguía en el suelo apenas sin moverse.

—Mierda… Hay que llegar al pueblo rápido —comentó Kitsune intentándose mantener de pie.

La llama de Kitsune se acercó a Azzio y le acarició la cabeza mientras producía un leve silbido.

—Quita… Puedo yo solo… —dijo Azzio intentado levantarse como podía.

Cuando Azzio pudo volver a mantenerse en pie retomaron el camino. Se estaba haciendo de noche y la oscuridad hacía cada vez más difícil avanzar sin tropezarse. La llama, conociendo el peligro que resultaba caminar sin ver hacia dónde se dirigían, se adelantó un poco para ir inspeccionando el terreno y así evitar las dificultades a la hora de atravesar el bosque. Por suerte el camino no fue muy largo y no tardaron en llegar al pueblo que Hiwil les comentó.

—Al fin… —Las patas de Azzio cedieron y cayó al suelo agotado.

—¡No! Espera a llegar a la posada… —Kitsune se quejó mientras observaba como el cielo oscurecía.

Por mucho que Azzio intentara levantarse sus piernas no le respondían. Kitsune estaba prácticamente en las mismas, sus piernas temblaban más a cada segundo que pasaba y deseaba poder a la posada cuanto antes para acabar con esa tortura.

—Por favor, ya no falta casi nada —Kitsune suplicaba agotada.

—Hago lo que puedo… —Azzio intentaba avanzar con todas sus fuerzas, pero aun así le costaba mantener el ritmo.

Aunque el camino fue corto, era el peor trayecto que habían tenido que recorrer hasta ese momento. Sus piernas casi no podían ni mantenerlos en pie, sus colas se arrastraban por el suelo, sus orejas les colgaban de la cabeza y su boca se había secado de tanto jadear.

A duras penas lograron llegar a la posada del pueblo debido al estado en el que se encontraban. Cuando entraron, se les acercó una criatura humanoide con rasgos de reptil para recibirles.

—Buenas tardes pequeños.  ¿Qué es lo que desean? —preguntó amablemente el posadero.

—Dormir…—Azzio respondió dejándose caer lentamente en el suelo.

—¿Tiene alguna habitación con camas separadas? —Kitsune preguntó apoyando el hocico en la mesa.

—Si, no os preocupéis. Mizyl ya nos avisó de vuestra prueba —comentó el posadero.

—¡Menos mal! —Kitsune reaccionó con gran alegría al escuchar eso mientras se sentaba en el suelo.

—Si me podéis acompañar, os llevaré a vuestra habitación —comentó mientras avanzaba hacia la puerta.

—Espera… un… momento… —comentó Azzio entre jadeos y arrastrándose por el suelo.

El rugir del estómago de Kitsune interrumpió a Azzio.

—Me había olvidado que llevo todo el día sin comer nada… me muero de hambre… —Kitsune bajó la cabeza y apoyó su zarpa en el estómago al quejarse.

—En el salón que hay aquí al lado podrás comer algo —El posadero les indicó donde se encontraba el salón a los dos zorros exhaustos.

—Enséñame dónde está la habitación y después me dirigiré hacia allí —dijo Kitsune mientra se levantaba.

—Pfff… —Azzio hizo acopio de las pocas fuerzas que le quedaban y se levantó para dirigirse hacia la habitación.

—Un momento, que le ayude con la bolsa —dijo el recepcionista recogiendo la bolsa de Azzio.

—Te lo agradezco… —Azzio suspiró profundamente.

Los dos zorros acompañaron al posadero hasta la habitación. Cuando llegaron allí, Azzio entró rápidamente y se tumbó en la cama de un salto, mientras tanto, Kitsune se quedó quieta en la puerta moviendo la cola con alegría al ver una cama en la que descansar.

—Disfrutad del descanso —comentó el posadero con una gran sonrisa.

—Muchas gracias…

—Porque será lo único que disfrutaréis —acabó la frase antes de que Kitsune pudiese responder.

Azzio levantó tanto la cabeza como las orejas al escuchar esa frase, pero el posadero ya se había ido. Solo pudo contemplar a Kitsune sonriendo forzosamente mientras le recorría un sudor frío y la cola caída.

—Esto… Ya no lo agradezco tanto.

—Genial… —Azzio dejó caer la cabeza en la cama.

—Me voy a comer algo, no me importa lo que digan —dijo Kitsune abandonando la habitación.

—Atragántate —dijo Azzio antes de que Kitsune se fuera de la habitación.

Kitsune dio un portazo y se fue hacia el salón evitando mirar al posadero. Al llegar allí buscó una silla vacía en la que sentarse. Pero desgraciadamente todas las mesas estaban ocupadas y tuvo que dirigirse a la barra a sentarse para poder comer.

Al llegar allí, se subió a la silla y apoyó el hocico en la barra.

—¿Eres la hija de Ryugan? —preguntó quién debía ser el hermano del posadero mientras se acercaba a Kitsune.

—Sí… —respondió Kitsune desganada.

—¿Entonces estás con la prueba?

—Sí —respondió esta vez con un tono más tosco.

—Tienes hambre, ¿verdad? —preguntó con una sonrisa.

—Sí… —Kitsune le miró con ojos de cordero degollado y con voz más dulce.

—Espera un momento y ahora te traigo algo —dijo el hermano del posadero.

«Debería aprovechar para ver si escucho algo interesante.» Su estómago rugió  «Ahhh.. Así no se puede, tengo demasiada hambre.» Kitsune observaba su alrededor mientras intentaba concentrarse en su misión.

El hermano del posadero tardó unos pocos minutos en traerle su comida. Kitsune estaba tan ansiosa, que al oler la carne, sus orejas, cabeza y cola se levantaron al unísono instintivamente y no pudo apartar la mirada hasta que la situaron delante de ella.

—Estaba en lo correcto al pensar que tenías hambre. Y no te preocupes, Mizyl ya se ocupó de pagar estos gastos —comentó el hermano del posadero con una sonrisa al ver a Kitsune babear al ver su comida enfrente suyo. —Espero que lo disfrutes, pequeña.

—Muchas gracias —dijo Kitsune con una gran sonrisa.

Kitsu sostenía la carne con las patas y la desgarraba con los colmillos para coger pequeños trozos. El hermano del posadero fue a por un cuenco de agua cuando vio que Kitsune empezaba a comer.

—Que rico —balbuceó Kitsune mientras masticaba la comida.

—¿Has escuchado sobre el multiforme? —preguntó una criatura de la taberna.

Ese comentario llamó la atención de Kitsu que se encontraba saboreando la carne. A pesar de que las criaturas que conversaban sobre eso estaban algo lejos y que había mucho ruido en la sala, Kitsune era capaz de oír lo que iban diciendo. La joven intentó girarse disimuladamente para observar las criaturas, pero al tenerlas detrás podía levantar sospechas.

—Tsss… —Kitsune se mordió el belfo inferior.

—Dicen que lo han visto—Siguió la conversación entre las criaturas.

«¿No se supone que había muerto?» Kitsune se sorprendió al escuchar hablar de ese ser e intentó mirar de reojo para ver si podía reconocer de dónde procedían.

—Si… Yo he escuchado que ha enloquecido y que va a atacar a todos los Dioses con un ejército de diez mil criaturas —comentó una criatura con la voz temblorosa.

—A mi me han dicho que está matando a todos sus guardianes —le respondió uno de los allí presentes.

—No puede ser. —Kitsune se sobresaltó ante el rumor.

—Eso es imposible, me da que os han contado un montón de mentiras —se quejó una tercera voz dando un golpe a la mesa.

—No se… El rumor está muy extendido —comentó la primera voz preocupada.

—¿Qué te ha parecido la carne? —preguntó posadero.

Kitsune se sorprendió, no se había dado cuenta de que tenía al lado posadero.

—Es una buena pieza, le doy mi enhorabuena a quien lo haya cazado  —contestó con una sonrisa falsa.

—Me honra escuchar eso de la hija de Ryugan —dijo el posadero regresando a su trabajo.

Kitsune suspiró

—Ya mañana seguiré —susurró mientras se acababa la comida que le quedaba—. Ya he acabado, gracias por todo —Kitsune agachó la cabeza y volvió a su cuarto corriendo.

Al llegar a la habitación cerró la puerta y se dirigió a la cama para poder descansar.

—Mañana será otro día  —le comentó a la llama—. Buenas noches, amiga…

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