Capítulo 5: ¡Que Dé Comienzo la Prueba!

Cuando Celeid y Mizyl finalizaron el acuerdo, la forzada convivencia entre los dos clanes de zorros provocó múltiples enfrentamientos entre ellos. Ninguno de los bandos quería ceder terreno ni llegar a ningún acuerdo, a pesar de los esfuerzos de Ryugan para evitar el enfrentamiento. El odio hacia el otro clan, en especial por parte del bando de Celeid, estaban muy arraigados. Las crías fueron creciendo rodeados de un odio que no comprendían de dónde procedía y eso causo que a parte que este fuese cada vez más irracional.

Con el paso del tiempo, la generación más anciana de los zorros caoba cayó, dejando el mando a la generación de Icard y sus descendencias. A diferencia de ellos, los zorros que tomaron la píldora se mantenían sin apenas envejecer. Y esa diferencia provocó más dificultades a la hora de solucionarlo. Las crías caoba, aun sin entender bien el porqué debían odiar al otro clan actuaban de una forma hostil, y eso solo causaba molestias al clan de Ryugan aumentando las tensiones entre ellos.

Al ver la hostilidad entre los dos clanes, los dioses Mizyl y Celeid decidieron reunirse en el templo de del Dios del Agua para debatir sobre la situación.

—Agradezco que pudieras venir a pesar de que avisase con poco tiempo. Pero veía urgente comentar la situación entre los dos clanes —comentó Mizyl hacía Celeid mientras se sentaba—. Toma asiento por favor, seguramente esto nos llevará tiempo —dijo señalando la silla que había enfrente de la suya.

—No se preocupe Mizyl, entiendo lo que dice y pienso lo mismo respecto al asunto de los zorros —comentó mientras tomaba asiento—. Están siendo realmente molestos, incluso he visto algunos recurrir a la violencia —explicó apoyando sus manos sobre la mesa.

—Eso es lo que realmente me preocupa —dijó Mizyl cruzando sus patas delanteras—. No estamos en condiciones de que los guardianes se peleen contra el otro clan. ¿Habías pensado en alguna cosa para calmarlos? —preguntó preocupado.

—En mis terrenos sería tan fácil como callar sus insignificantes opiniones —respondió volcando una talla de madera con forma de zorro.

—¡¿Eres una vasalla del Orden y esto es lo mejor que se te ocurre?! —exclamó Mizyl sorprendido por la poca sensibilidad de Celeid.

—¡Pero…! —dijo Celeid interrumpiendo a Mizyl que se puso sus zarpas en los morros para callarse— Se que a vos estas medidas no le agradan y al ser vuestros terrenos son sus decisiones —Celeid realizó una breve pausa, cogió la figura con fuerza y la balanceó delante de Mizyl.

—Celeid, por favor, deja esa figura… La hizo mi hija —expresó molesto mirando la figura con atención.

—Ya lo sé. —Celeid le lanzó la figura a las zarpas de Mizyl. —Tenía pensado hacer una prueba —dijo levantándose de la silla.

—¿Una prueba? —preguntó extrañado mientras intentaba agarrar como podía la talla del zorro.

—Si, aprovechando la generación joven. Les obligaremos a tener que pasar por una prueba juntos para que estrechen lazos —explicó moviéndose hacia un lado de la mesa.

—¿Estrechar lazos? Querrás decir que harán lazos con las pieles después de matarse —respondió Mizyl incrédulo por la propuesta de Celeid.

—¿Por qué piensas que querrán matarse? —preguntó la Diosa apoyándose en la mesa.

—No se… Están habiendo peleas entre ellos solo por estar cerca ¿tal vez si los juntas acaben matándose? —respondió con tono sarcástico.

—Eso ocurre con los adultos. Con las crías será más fácil evitar esa matanza que decís —expusó convencida hacia Mizyl.

—No niego que aprovechar la generación joven para reeducarlos parece una buena idea. ¡Pero no con esta generación de crías! Aún tienen la herida reciente.

—Estáis exagerando. Las crías son muy fáciles de convencer y más si ejercemos presión por nuestra parte —dijo Celeid girándose bruscamente frente la negativa del Dios del Agua.

«Y por ser crías es más probable que se ataquen por cualquier tontería» pensó Mizyl viendo que razonar con Celeid no era una opción.

—Igualmente, ¿tiene alguna idea mejor que la mía? —preguntó la Diosa a Mizyl con una mirada indagadora.

Esa pregunta cogió desprevenido a Mizyl. No lograba encontrar ninguna idea que pudiera remediar el problema que tienen actualmente.

—No… no tengo ninguna idea en estos momentos —respondió enrabiado al no tener nada con que contrarrestarlo.

—Entonces, creo que está claro lo que vamos a hacer. No podemos permitir que aumente la hostilidad entre los dos clanes —comentó Celeid mientras se acercaba a la puerta.

—¡Espera! —exclamó Mizyl para que la Diosa se detuviera—. Si piensas hacer la prueba, yo participaré a la hora de marcar las pautas —dijó Mizyl seriamente bajándose de la silla y acercándose a Celeid.

—Me parece justo —dijó antes de abandonar la sala.

Unos segundos después de que Celeid abandonase el templo, Mizyl se giró, fue hasta la silla y la golpeó con su pata trasera.

—¡Maldita sea! Esta vez ha logrado salirse con la suya —exclamó mientras se dirigía hacia la puerta—. Estoy deseando el día en que la pueda echar de mis Terrenos como si se tratase de un borracho en una taberna —comentó Mizyl irritado marchándose de la sala.

Mientras Mizyl se quejaba de tener que soportar a Celeid, esta se encontraba fuera del templo del Agua refunfuñando por la actitud del Dios Mayor.

—Tss… Pensé que este Dios sería más ingenuo, pero veo que me equivocaba. La próxima vez tendré que escoger mejor mis movimientos —se quejó al salir de la zona sagrada de los Terrenos del Agua.

*****

—¡Kitsune! ¡Kitsune! ¡Despierta! —exclamó una voz misteriosa.

—Déjame dormir un rato más… —refunfuño Kitsune tapándose los ojos con sus zarpas.

—¡No! Despierta, tienes que hacer la prueba ¡despierta! —siguió gritando la misteriosa criatura mientras pisoteaba a Kitsune.

—Será solo un instante… pero déjame dormir… —dijo apartando a la criatura con su cola.

—No se despierta. Llama, haz algo —se quejo la voz misteriosa.

Una luz intensa alumbró la cara de Kitsune obligándola a levantarse. A los pocos segundos abrió los ojos y miró enojada a la criatura que tenía delante.

—¡Ahhh! ¿Pero en qué estabas pensando? —preguntó Kitsune irritada por la luz.

—¡Te has despertado! ¡Lo conseguí! ¡Lo conseguí! —respondió una cría de zorro dando botes de alegría.

Kitsune suspiró con fuerza y se movió hacia donde estaban los demás zorros. La pequeña cría, celebrando su éxito, no dudó en seguirla con gran felicidad.

—Kitsune, mamá me ha dicho que hoy me enseñará a cazar —dijo la pequeña cría moviendo la cola alegremente.

—¿Y qué tipo de piedra cazarás hoy? —preguntó de forma burlesca a la cría.

—¡Nooo! Iré a cazar un ciervo —respondió inflando las mejillas.

—¿Una piedra con forma de ciervo? —siguió preguntando para meterse con el pequeño.

—¡Que nooo! ¡Un ciervo de verdad! No una piedra… —respondió enojandose por las preguntas que le hacía.

—Ahh, entiendo, un ciervo de verdad —dejo una breve pausa— ¿ciego, cojo o sordo? —preguntó al instante con cara de sorprendida.

—¡Para ya, Kitsune! No tiene gracia —se quejó empujando con sus patas delanteras a Kitsune.

Kitsune no pudo evitar reírse por la reacción de la pequeña cría. Este, enfadado de que Kitsu se metiera con él se fue corriendo hacia Umia que estaba un poco apartada.

—¡Mamá, mamá! Kitsune no para de reírse de mí —gritó mientras se colocaba entre las patas de Umia.

—Hija mía, tienes que cuidar de tu hermano pequeño, no reirte de él —dijo Umia mientras acariciaba a su hijo con la cabeza.

—Si claro… no es culpa mía que se ofenda tan rápido —comentó Kitsune enseñando la lengua a su hermano.

—Papá dijo que fueras hablar con él —dijó la cría señalando una zona del bosque con la pata.

En ese momento el pequeño se adelantó hasta situarse delante de su hermana.

—Quiero que sepas que un día de estos te ganare y entonces seré yo quien se ria de ti —declaró la cría mirando con decisión a Kitsune.

—Y hasta ese entonces tú seguirás siendo un renacuajo ruidoso —comentó Kitsu mientras se iba a hablar con su padre.

La cría al escuchar las palabras de su hermana infló los mofletes y se giró irritado sin decir nada. En cambio, Kitsune prosiguió su camino hasta donde estaba su padre. Tuvo que alejarse su hogar para entrar en el bosque que daba hacia el lago central.

«¿Por qué mi padre quería reunirse conmigo fuera de casa?» pensó Kitsu mientras atravesaba el bosque.

No tardó mucho en llegar al lago central, ya que gracias a sus sentidos más desarrollados perderse o retrasarse no estaba entre sus opciones. Allí encontró a su padre sentado en la hierba, observando tranquilamente el lago. Kitsune se movió hasta allí y se sentó a su lado.

—Ya era hora de que te levantases —dijo Ryugan mirando como su hija se sentaba a su lado.

—Dale las gracias a Crely —comentó aún somnolienta.

—Eso significa que lo he educado bien —dijo entre risas.

—Si… Ya… Entonces, ¿de qué querías hablarme? —preguntó Kitsune extrañada.

—Es por la prueba —Ryugan retiró la sonrisa que tenía en su rostro.

—Ya me imaginaba que sería por eso, pero dudo que tanta insistencia solo sea para desearme suerte o contarme algo que ya sepa —comentó la cría mirando fijamente a su padre.

—No, realmente necesito pedirte algo.

—¿De que se trata?

—El mismo Dios del Caos me ha comentado, en una de esas molestas reuniones, que ha empezado un nuevo juego que podría afectar a todo el continente. Debemos averiguar de qué se trata ese juego del que habla. —El tono de Ryugan iba detonando una mayor preocupación a medida que le explicaba los planes del Dios del Caos.

Kitsu se sobresaltó al escuchar la noticia.

—¿Y por qué el Dios del Caos querría contarnos sus planes?

—Lo desconozco, pero fue él mismo quien me pidió que le enviase la información sobre aquello de lo que se habla entre la gente en los Terrenos del Agua —respondió dudoso.

—¿Fue él? —Kitsune se iba sorprendiendo cada vez más a medida que su padre le contaba la noticia.

—Sí, pero no me pidas explicaciones porque no las tengo. Igualmente aunque no me lo pidiese también me hubiese puesto a investigar sobre esto —Ryugan se estaba enojando al comentar la reunión con el  Dios del Caos.

Kitsune se movió hacia delante y giró su cabeza mirando hacia su padre.

—Entonces, estas diciendo que aproveche la excusa de la prueba para ir investigando sobre los posibles planes del Dios del Caos, ¿me equivoco?

—Exacto, aunque no te puedo asegurar que las palabras del Dios del Caos sean verdad. Tal vez solo nos esté engañando para tenernos entretenidos —explicó mientras se levantaba y avanzaba hasta donde estaba Kitsune.

—Comprendo, ¿entonces me encargo yo de la investigación mientras tú defiendes los Terrenos? —preguntó con seguridad a su padre.

—Veo que cada vez eres más avispada —respondió sonriendo—. Como se nota que mi pequeña ha llegado a la adolescencia —comentó observando como su hija reflejaba la esbelta figura de un zorro joven.

—Claro que lo soy. Me convertiré la próxima líder de los zorros y demostraré que puedo superarte —Kitsu sacó pecho enorgullecida tras la declaración.

—Entonces, te daré algo para celebrarlo

Ryugan corrió hacia uno de los arbustos que se encontraban en el bosque cercano y empezó a buscar entre ellos. Unos minutos después, sacó de entre los arbustos un collar de cuentas azuladas, del que emanaba un extraño brillo celeste y llevaba enganchadas unas cuerdas de color lila oscuro. Se puso el collar en el cuello, y después de volver a rebuscar por el arbusto de nuevo, sacó dos pañuelos de color rojo.

Kitsune miró curiosa los objetos que traía su padre.

—¿Qué es eso papá? —preguntó fijándose en el collar que llevaba en el cuello.

—Es un regalo para ti —contestó Ryugan dejando los pañuelos en el suelo—. Ahora intenta convertirte.

—Aún no lo he perfeccionado —comentó Kitsu algo avergonzada.

—Tú intentalo —insistió su padre.

Kitsune dio unos pasos atrás y sus marcas empezaron a brillar. Su cuerpo se envolvió de una luz blanca y poco a poco empezó a cambiar de forma. Al acabar la transformación, el brillo se desvaneció y de allí surgió una joven de aspecto humano con la cola y las orejas propias de un zorro.

—¡Ahhh! ¿Por qué seguís ahí? —Kitsune se quejó, agarrándose sus propias orejas.

—Bueno, aunque los humanos no estén dotados de orejas y cola como las nuestras, el resto está muy bien —comentó su padre mientras daba una vuelta alrededor de su hija.

—Espera, ¡¿qué?! Tú también no… —exclamó enojada mirando su cola.

—No te preocupes, es todo cuestión de práctica —dijó Ryugan observando las orejas de Kitsune. —Aunque veo que estás vestida. ¿De dónde sacaste esa ropa? —preguntó observando el kimono blanco con tonos azulados que llevaba Kitsune.

—Me la regalo Drake. Fuimos las dos a comprarla cuando conseguí parecerme más a una humana que a un zorro —Tras decir eso, Kitsune se dejó caer disgustada por culpa de su imperfecta transformación.

—¿Entonces aprovechaste las veces que quedabas con ella para practicar la transformación? —preguntó sorprendido.

—Si, era un ejemplo perfecto. Pero aún me falta demasiado… —Suspiró Kitsu. —Tendré que quedar con ella otra vez para practicar —comentó tapándose los ojos con las manos.

—Has mejorado mucho, prácticamente pareces una humana cualquiera —dijo mientras apoyaba su cabeza contra la de Kitsu —No te preocupes, pronto lograrás dominar la transformación —le susurró Ryugan para animarla

Kitsune retiró sus manos de sus ojos y apartó la cabeza para poder ver mejor a su padre.

—A todo esto. ¿A qué viene pedirme que me transformase? —preguntó Kitsune moviendo los dedos de la mano con lentitud mientras las observaba detenidamente.

—Ah, sí. —Ryugan agarró con la boca los lazos y se los dejo delante de Kitsune. —¿Sabes cómo atarte un lazo? —preguntó Ryugan.

—No, eso requiere mucha habilidad con los dedos. Habilidad que no tengo… —respondió avergonzada.

—No te preocupes, esta vez te los pondré yo. Pero deberás dominar la movilidad de los dedos humanos —le aconsejó su padre mientras se transformaba en un humano.

La apariencia de Ryugan a diferencia de la de Kitsune no tenía ningún fallo. A simple vista parecía un humano normal. Aprovechando su transformación su padre ató a los brazos de su hija los dos lazos zorros que había dejado en el suelo.

—Papá, ¿Y ese collar? —preguntó Kitsune ignorando los lazos.

—Se que puede parecer extraño, pero es una arma mágica que me otorgó hace tiempo el Dios del Caos —respondió atandole el último lazo.

—¡¿Un arma del Dios del Caos?! —exclamó alejándose de ella mientras su llama se acercaba al collar.

—No te preocupes por ella —dijo agarrando el collar —Yo y Mizyl nos aseguramos que no se tratase de una trampa.

La llama empezó a brillar con su tono azulado al tocar el collar. El collar también brilló con un color celeste al mismo tiempo. Kitsune se quedó abstraída por el brillo que emanaba, pero a la vez sentía un desagradable escalofrío en su cuerpo.

—Parece que a tu llama le ha llamado la atención  —comentó una vez pararon de brillar.

—No estoy segura de fiarme de ese collar… —Se quedó unos segundos pensativa observando fijamente el collar. — ¿Tu estas segura que es de fiar? —preguntó a su llama.

La llama se movió de arriba a abajo mientras producía ruidos.

—Ves, tu llama confía en que lo es —comentó acercandole el collar.

—Un momento, ¿y de qué narices me servirá llevar ese collar? —preguntó Kitsune desconfiada mientras apartaba el collar con las manos.

Tras escuchar esas palabras la llama acumulo energía en su interior y la disparó contra el collar. En el momento en que el fuego entró en contacto con el collar, esté lo absorbió sin dejar rastro emitiendo un leve brillo.

Kitsune se quedó sin palabras al ver la actuación del collar, pero aún así seguía estando incómoda al estar cerca de esa arma.

—Ha quedado decidido —dijo Ryugan mientras le colocaba el collar a la fuerza —A partir de ahora tendrás que aprender a usarla, confío en ti —comentó mientras retornaba a su forma habitual.

—¡¿Queeee?! —exclamó Kitsune viendo como le colocaban el collar.

La llama acarició la mejilla de Kitsune pero esta la golpeó.

—¡Quítate! Que forma más rastrera de convencer que tenéis —se quejó mientras agarraba el collar que le pusieron en el cuello.

El collar empezó a brillar al reaccionar con las manos de Kitsune y su forma cambió a la de una guadaña con unos extraños cristales en la cuchilla. Kitsu, asustada al ver una arma relacionada con la muerte entre sus manos, la lanzó lejos de ella.

—¡¿Qué haces?! ¿Quieres clavarme la guadaña? —gritó mientras saltaba a un lado para evitar la guadaña.

—¿Qué quieres que haga? Deshacerme de eso —respondió Kitsune alterada y mirando con desagrado el arma.

—¿Qué te esperabas de una arma bendecida por el Dios del Caos? —preguntó Ryugan mientras iba a recoger la guadaña.

—Pense que era solo un collar, ¿cómo me iba a esperar que cambiase de forma? —dijo levantando una de sus piernas hacia su padre para que no se le acercase.

—Es algo normal en las armas mágicas, así que deberías tenerlo presente —comentó balbuceando con el arma en la boca mientras se acercaba a su hija.

—Ohh, no… —dijo Kitsune negando con la cabeza.

—Ohh, sí… —respondió su padre con el mismo tono de voz dejándole la guadaña justo enfrente suya.

La llama creó un pequeño anillo de fuego debajo de ella, que usó para agarrar la mano de Kitsune y acercarla a el arma. Kitsune se resistía, pero la llama no dejo de insistir hasta que Kitsu se dejó llevar por cansancio.

—Pfff… sentencia de muerte firmada… —Suspiró Kitsune descontenta al tocar el arma.

—No seas tan exagerada —comentó Ryugan lamiéndole la cabeza.

—¿Y estos lazos también son una trampa? —preguntó Kitsune mirando los lazos.

—No, esto es un regalo mío y de tu madre —respondió con una cálida sonrisa. —Tenemos que celebrar que ya eres mayor —dijo orgulloso.

—¿No se supone que es esta prueba lo que decide si lo soy o no? —preguntó dudosa mientras agarraba con la mano el mango del arma.

—Para mi ya lo eres —respondió con decisión.

Kitsune sonrió tras esas palabras —Gracias papá, no te decepcionaré —El arma se transformó en collar a la vez que ella volvía a su forma zorro.

—Te deseo mucha suerte —comentó Ryugan mientras ayudaba a Kitsu a ponerse el collar.

Kitsune se limitó a asentir. En cuanto le pusieron el collar corrió hasta el bosque, pero antes de entrar, su padre le dio una última advertencia.

—¡Kitsune!, ten cuidado los críos no saben lo que dicen —gritó Ryugan desde cerca del lago.

Kitsu no entendió que quiso decir con eso y se quedó mirándolo de una forma extraña durante unos instantes, pero al ver que no decía nada más decidió proseguir su camino.

*****

—Mamá, mamá, corre que te quedas atrás —gritó Crely mientras se adentraba en el bosque.

—Espera, recuerda que mamá está aún un poco resfriada y no puedo diferenciar los olores —comentó Umia mientras seguía a su hijo.

Umia al perder de vista a su hijo, corrió hacia la zona del bosque por la que se había ido. Siguió el camino hasta un pequeño claro que había cerca de un pueblo de los Terrenos del Agua. Allí se encontró a su hijo cerca de una zorra caoba.

—¡Crely, vuelve aquí ahora mismo! —exclamó Umia asustada.

—Ehh, mi madre me enseñara a cazar. ¿Quieres venirte con nosotros? —preguntó la cría con las patas delanteras apoyadas sobre la zorra.

La zorra caoba aunque mantuviera una postura defensiva y su cara mostraba hostilidad, esta no se movía. Parecía totalmente petrificada.

—Crely, no te lo vuelvo a repetir. ¡Ven aquí ahora mismo! —siguió gritando Umia a su cría.

—¿Por qué no puede venir con nosotros? —preguntó la cría mientras se acercaba a su madre.

Umia al ver que su cría se separaba del alcance de la zorra caoba se dirigió rápidamente hacia él y le agarró del pellejo del cuello.

—¿A qué viene tanta prisa? —preguntó enojada la cría.

Umia no respondió hasta que se separaron suficiente de la zorra caoba.

—No te acerques a esos zorros, son peligrosos —avisó Umia seriamente.

—¿Y por qué alguien de los nuestros nos haría daño? —preguntó Crely extrañado.

—No son de los nuestros —Negó Umia vehementemente.

—Si no lo son, ¿por qué huelen igual que nosotros? —preguntó irritada la cría.

Umia se quedó en silencio ante la pregunta de su hijo.

—Sigamos —dijo Umia con un tono seco.

La cría viendo que su madre no le daba una respuesta la siguió pero con un enfado notable.

*****

Kitsu caminó hasta la zona acordada por la Diosa para la prueba, se encontraba intranquila al ser algo ideado por Celeid. Pasó a través de los arbustos y algunas hierbas aromáticas para camuflar el olor hasta llegar a dos enormes árboles que daban a un estanque.

—Se supone que el lugar de quedada era este —se dijo a sí misma mientras investigaba los alrededores con sus orejas y hocico.

Kitsune se acercó a los árboles con sigilo para evitar que la escuchasen mientras la llama se ocultaba entre sus patas. Miró hacia el estanque y allí vio a Celeid con un zorro caoba de un aspecto joven.

—Llama, ¿detectas algo peligroso? —preguntó Kitsune en voz baja mientras observaba toda la zona.

La llama salio de debajo de sus patas y dio una vuelta alrededor del estanque sin que le vieran. Una vez acabó de inspeccionar la zona se acercó a Kitsune se situó delante de ella y desprendió un pequeño brillo verde.

—De acuerdo, allá vamos —comentó Kitsune mientras avanzaba hacia la zona del estanque.

—Veo que ya has llegado —dijo Celeid al ver a Kitsune salir de entre los árboles.

—Pfffff… apestas —comentó el zorro caoba apartando el hocico.

—Azzio, por favor, compórtate —comentó la Diosa con una mirada desagradable.

—Si quieres que me comporte dile a ella que no apeste —criticó asqueado Azzio sacando la lengua.

—¿Y este se supone que sera mi compañero? —preguntó Kitsune decepcionada.

—Exacto, soy Azzio hijo del líder de mi clan, espero que no seas un estorbo —respondió con aires de superioridad.

Kitsune calló ante el comentario pero se le quedó mirando con desprecio.

—¡Callad los dos! —exclamó Celeid extendiendo sus alas desde una roca en medio del estanque. —Si recordáis para que estáis aquí, acercaos a las armaduras —explicó Celeid señalando las corazas.

Los dos zorros se acercaron mirándose fijamente y pusieron la zarpa delantera en sus respectivas armaduras.

—Ahora que estáis los dos ¡Que dé comienzo la prueba! —exclamó Celeid golpeando el suelo con su vara.

ilustracion9

Siguiente Capítulo